Cuando voy a Madrid, además de llenar de carantoñas al nieto, leerle cuentos con ilustraciones o sin ellas, pasear de su mano, pegar patadas a un balón o enseñarle a comer macarrones con un avión imaginario, me suele quedar tiempo, a las mañanas, para hacer visitas a aquellos lugares que, mereciendo la pena, no están en el itinerario de los turistas y por las tardes para ir a escuchar algún concierto o al teatro. Siempre hay algo nuevo que ver y algun estreno de alguna obra de teatro con la que reflexionar y descansar un rato tu cansado cuerpo de tanto patear las calles.
En los ratos en que me dedico a la investigación, he podido constatar que el diario ABC tiene un archivo ingente de noticias que, obviando su ideología editorial, le sirve a cualquier historiador para ilustrarse en relación a lo que le interesa. Además, está todo él, digitalizado, muy interesante hoy en día por lo que eso significa en cuanto a rapidez de respuesta y averiguación de lo que se busca, lógicamente relacionado con el siglo XX, ya que el periódico fue fundado por el periodista Torcuato Luca de Tena en 1903. Su antecedente fue la revista Blanco y Negro, fundada por el mismo periodista en 1891 y ambos se convirtieron en el Grupo Prensa Española, la revista como suplemento del diario. Su tendencia política era de derechas, muy conservadora, monárquica y católica, Dejó de publicarse con el nuevo siglo, en el año 2000.

Portada de Méndez Bringa (1899)
Lo que yo desconocía es que, a pesar de su desaparición hace ya 26 años, mantenía un Museo de la Ilustración, que era su fuerte. Los personajes y tipos costrumbristas, los dibujos de aquella actualidad del momento, los chistes ilustrados, todos ellos enmarcados dentro de una crítica social muy evidente y llamativa. Y allí que me dirigí aunque no me resultó fácil encontrarlo porque no está ubicado en las calles centrales de la capital. Es entrada libre y gratuita, lo que es de agradecer. Y tengo que decir e insistir en que es muy recomendable, porque por esa revista, además de publicarse la primera fotografía en color de la prensa española en 1912, por allí pasaron los mejores dibujantes, caricaturistas, humoristas gráficos, además de famosos periodistas de prensa escrita.
Aquélla no fue la única innovación de Blanco y Negro. Fundada en 1891, la revista popularizó en España el fotograbado, las ilustraciones coloreadas, las portadas limpias y monotemáticas, el papel couché y algo más importante: la mezcla en un mismo ejemplar de temas relajados y asuntos serios. De ahí su nombre. La risa y el llanto, lo serio y lo festivo, lo formal y lo caricaturesco, lo triste y lo alegre, lo grave y lo baladí, todo ese blanco y negro que nos envuelve fue lo que ese semanario reflejó desde sus inicios hasta su cierre. En suma, una mezcla equilibrada entre actualidad y evasión.
Don Torcuato, además de hacer de todo en la revista, fichó a grandes ilustradores y pidió la colaboración de los mejores literatos de la época. El producto resultante, una publicación cosmopolita, optimista y de un conservadurismo templado, logró un éxito rotundo. En 1897 era ya, con más de 40.000 ejemplares vendidos de cada número, la revista española de mayor circulación, hasta que se convirtió en en Suplemento del ABC después de la Guerra Civil..
Sin salir de las páginas de la revista, se puede hacer una síntesis de las letras españolas de su tiempo: del 1898 al 1914, del realismo al modernismo, del relato breve al ensayo filosófico. La Pardo Bazán, Rubén Darío, Azorín, Ortega y Gasset, Juan Ramón Jiménez, Eugenio D´Ors, César González-Ruano, Julio Camba, Jardiel Poncela o Wenceslao Fernández Flórez firmaron en Blanco y Negro.¿Dónde ha quedado esa tradición literaria de la prensa española? ¿Quién publica hoy cuentos o poemas a un par de páginas de distancia de la crónica parlamentaria?

Ilustraciones de la década de 1890
Pero la gran seña de identidad de la revista no fue el texto, siendo importante, sino la imagen. Las hermosas láminas Art Nouveau de los primeros años se venden hoy, a veces ya enmarcadas, en ferias, rastros y almonedas. En los dibujos tuvieron también cabida el costumbrismo rural, el postimpresionismo à la Toulouse-Lautrec, el prerrafaelismo y las escenas exóticas de inspiración japonesa. El más insigne de los ilustradores fue quizás Narciso Méndez Bringa, que llegó a dar nombre a un tipo humano de los felices años veinte, las “Mujeres Méndez Bringa”: muchachas elegantes, sofisticadas, con un punto belle époque en el vestir. También pintó señoras bellas Rafael de Penagos, de quien Edgard Neville dijo que “enseñó a las españolas a no ser gordas”. Otros asiduos colaboradores fueron Martínez de León, Viladomat o Sancha, entre muchos otros. Hubo también viñetistas y cómicos como Xaudaró, Ramón Cilla o K-Hito. Ese legado visual de la revista es el que hoy se conserva en el Museo ABC de Dibujo e Ilustración aunque sus autores sean unos grandes desconocidos para las gentes de hoy.
No me voy a extender en explicar lo que allí se contiene. Unas cuantas de las ilustraciones de sus almanaques, darán buena cuenta de su belleza dentro de su simplicidad, que pondrán en valor a dibujantes totalmente olvidados y que fueron auténticos artistas plásticos. Salimos de allí con una sonrisa en los labios, pequeño homenaje a todos esos ilustradores compendiados en unas pocas salas, la mayoría alojadas en los cajones de unas grandes alacenas estratégicamente colocadas.

Ilustraciones de la década de 1900
Al lado, una gran plaza iluminada por un sol primaveral, con sus terrazas inundadas de jóvenes estudiantes en sus momentos de ocio entre clase y clase y en su lado izquierdo, un gran edificio que inmediatamente identificamos como convento. Y así era. Era el Monasterio de la Monjas Comendadoras de Santiago. No podíamos pasar de largo porque la experiencia nos ha enseñado que en estos recintos se esconden verdaderos tesoros que son un placer para la vista. Había que pagar y pagamos por disfrutar de lo que allí se expone. Está considerado el primer convento construido en la capital y el único que se conserva íntegramente desde el siglo XVI, por lo que es un lugar ideal para aquellas personas interesadas en la historia y el arte religioso en un ambiente relajado, de un silencio que inspira a realizar una visita cultural lenta y profunda. Está ubicado en la plaza de nombre homónimo, en el barrio de Conde Duque en Madrid, y está considerado un Bien de Interés Cultural.
Este monasterio ha sido testigo de siglos de devoción y tradición, conservando un valioso patrimonio que refleja la riqueza cultural y religiosa de su tiempo. Sus muros albergan una impresionante arquitectura barroca, con magníficos retablos, frescos y detalles ornamentales que narran la historia de la comunidad religiosa que aún lo habita. Entrar en él es como dar marcha atrás en el tiempo, porque sus estancias están plenas de historia de una vida monástica que evoca a siglos pasados. Su contemplación, tanto del majestuoso claustro como su iglesia, de un gran valor artístico, causa asombro. Esta joya patrimonial es parte del gran legado cultural con que cuenta Madrid y que refleja la espitualidad vivida dentro de sus muros, rodeado de un arte sacro que llama la atención.
«La convocatoria para la construcción de la iglesia no se realizó hasta el año 1667. Posteriormente, en 1745, el Real Consejo de las Órdenes aprobó el proyecto de Francisco de Moradillo para la construcción de la Sacristía de los Caballeros. El resto del convento fue construido en 1777 por el reconocido arquitecto Sabatini, que logró aportar una unidad compositiva notable a pesar de la singularidad de las intervenciones previas. En el siglo XIX, con la desamortización de Mendizábal de 1836, el convento pierde parte de sus bienes y su influencia disminuye, aunque sigue funcionando como comunidad religiosa. Después, durante la Guerra Civil española (1936-1939), el convento sufre graves daños y saqueos.







