Banksy, ese pintor anónimo muy conocido.

Últimamente escribo mucho sobre Madrid. Y es porque mi nieto vive en Madrid y quiero verle crecer, quiero leerle cuentos, quiero notar su capacidad de aprendizaje, de cómo curiosea todo lo que ve y quiere saber. Esto me da vida. Y mientras no está disponible, porque está en su colegio o por las tardes, cuando ya está acostado y dormido, aprovecho para saciarme de todo lo que la capital ofrece, que es mucho, demasiado para lo que el ojo puede ver si no es en un periodo dilatado de tiempo.

                                             Todos estamos en el mismo barco. Lowestoft.

Hay un libro de Clair Thompson que ha titulado «El arte de observar las aves» en el que, por medio de anécdotas personales y de un conocimiento experto, nos invita a un viaje consciente a través de jardines, ciudades, campos, bosques, costas y montañas, para disfrutar y aprender de la intensa belleza y de la diversidad del mundo de las aves; un viaje en el que estos seres alados pueden hacer maravillas en nuestros corazones y mentes sólo con prestarles atención. La observación va más allá de la mera visualización. Requiere un momento de pausa e introspección hasta concluir con la recreación mental madura.

Esta misma reflexión puede servir, más en general, para hablar del «arte de observar«, cualquier arte, como la pintura, la música, la danza, la arquitectura, incluso el arte culinario o de la dialéctica o la poesía o el cine. Pero no todo lo que engloban estas palabras, es arte. Para que a una obra la consideremos arte, tiene que hacernos percibir que el corazón se acelera, que nuestras tripas se revuelven, que bulle nuestro cerebro, que se nos pone la piel de gallina, tiene que hacernos sentir que nuestro cuerpo se revoluciona. Si sólo vemos, pero nos deja indiferentes, poned en duda que aquello sea arte. Al menos, no para tí.

Curioseando en el panel de publicidad que todos los Hoteles tienen en el Hall de entrada, vi un panfleto que me llamó la atención. Un Museo dedicado a los murales de Banksy. Desde que oí hablar de él por primera vez y leí lo que hacía en cualquier país, en cualquier ciudad, en cualquier pared, sentía curiosidad por ahondar más en su figura, desconocida hasta hace muy poco, y desentrañar algunos de sus dibujos. Por esas casualidades que se dan en esta vida, dicho museo, que se ha inaugurado recientemente, estaba muy cerca del Hotel por lo que, paseando y callejeando, nos fuimos a saciar esa curiosidad. No nos costó dar con él y, a pesar de no haber mucha gente, nos sorprendió ver tanta. No nos lo esperábamos, creíamos que íbamos a estar solos, pero pudimos comprobar que este artista tiene mucho tirón. La exposición de este artista callejero no defrauda, es fantástica, muy buenas las reproducciónes y la recreación es perfecta en salas amplias y espaciosas.

Una a una, pared por pared, paso a paso, fuimos transitando por aquellos negros con algunos rojos intensos, descubriendo sus incisivas frases. Todos los dibujos tienen su mensaje, mensaje crítico, por supuesto. Hay que sorber ese mensaje, madurarlo y luego escupirlo, para poder absorber el siguiente. Sus obras que llevan un potente mensaje político y crítica social ya destacan por sí solas y han aparecido en calles, muros y puentes de ciudades de todo el mundo.

                                 Una muestra con cuatro obras en una espaciosa sala. 

La obra combina elementos simbólicos religiosos (ángel) con la barbarie moderna (chaleco antibalas y calabera), sirviendo como un comentario social sobre la violencia y la pérdida de una vida. Se cree que sea un tributo al artista del grafiti Ozone, amigo de Banksy, simbolizando la muerte súbita, la pérdida de la inocencia. En este caso, representa una figura inocente y delicada con un chaleco antibalas, que en sí mismo encarna la violencia y la guerra. En las obras de Banksy, la sátira no necesita desmantelar por completo una ideología aunque transmita potentes mensajes políticos, para ser considerada un éxito.

La obra más famosa y reproducida es la que representa a una niña en un muro escalonado, cuyo cabello y vestido ondean al viento, intentando alcanzar o, quizá, soltar un globo rojo en forma de corazón que, aparentemente, se le ha escapado de las manos. El globo rojo, único toque de color, es un símbolo arquetípico de la infancia y la libertad con el que muchos nos identificamos. Más que un simple juguete infantil, evoca la fragilidad de lo que representa: inocencia, sueños, esperanza y amor.

 

     

                          Niña con globo, Puente de Waterloo, South Bank, Londres, 2002

Es una imagen archiconocida que, según una encuesta realizada en 2017 en Reino Unido, se trata de la obra de arte favorita de los británicos. Mucha de su fama se la debe al acontecimiento que ocurrió un 5 de octubre de 2018, cuando la casa de subastas Sotheby’s subastó y vendió una copia enmarcada, por más de un millón de libras. Tras la subasta, y después de que el martillo golpeara el atril para dar por buena la venta a un particular, una trituradora de papel escondida dentro del marco victoriano se activó, haciendo trizas la mitad de la obra, ante el estupor y la sorpresa de los allí presentes. Al día siguiente Banksy publicó un vídeo con el texto «The urge to destroy is also a creative urge» («El impulso de destruir es también un impulso creativo»), citando a Pablo Picasso. La imagen autodestruyéndose se viralizó en todo el mundo. La casa de subastas subrayó en un comunicado que la performance se convirtió al instante en historia del arte mundial, y que desconocían los planes del artista. Los medios de comunicación estimaron que el valor de la obra en el mercado se duplicó gracias a la relevancia de su destrucción. Según el propio autor, la obra tendría que haberse destruido por completo, pero el mecanismo falló y solo trituró la mitad de ésta.

En septiembre de 2019, la casa de subastas Christie’s subastó dos grabados de la famosa imagen, una con el globo dorado y la otra con el globo rojo. Ambos grabados formaban parte de un lote de Banksy que clamó «No puedo creer que los imbéciles realmente compren esta mierda».

Empezábamos con fuerza y las siguientes no nos desfraudaron.

Sotheby's Vista del Mar Mediterráneo 2017

El tríptico «Vista del mar Mediterráneo» (2017), del cual dejamos aquí una muestra, fue subastado en Sotheby’s en Julio del 2020, después de que el artista lo donara para ayudar al un hospital infantil. El tríptico de pinturas hace referencia a la crisis de los refugiados europeos. En un principio eran simples «marinas» pero lo que le da caracter a estas obras es el añadido de los chalecos salvavidas y las boyas abandonadas. Se considera que se trata de conseguir una reacción a la criis migratoria que está viviendo Europa en las últimas décadas, en la que cientos de miles de personas han huido de la guerra y los conflictos e intentado llegar al continente en peligrosos viajes a través de los mares Mediterráneo y Egeo principalmente. Inicialmente, se esperaba que el trío de pinturas alcanzara un precio de 1,2 millones de libras esterlinas cuando aparecieron en la subasta «De Rembrandt a Richter» en Sotheby’s. Los fondos recaudados se destinaron a la construcción de una nueva unidad de atención de accidentados cerebrovasculares agudos y a la compra de equipos de rehabilitación infantil para la Sociedad Árabe de Rehabilitación de Belén.

 

La obra «Kissing Coppers» «Besos de cobre», representa a dos policías británicos besándose. Fue inaugurada originalmente en la pared del pub Prince Albert en Brighton en 2004. Los dos policías están pintados en blanco y negro. Ambos aparecen con uniforme completo, esposas y una porra en sus respectivos cinturones. Esta representación de un acto de amor entre personas del mismo sexo es un elemento común en el arte, que está presente incluso desde el siglo XVI, como se puede apreciar en el techo de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel .

                                                                Nola. New Orleans.

Banksy buscaba, en todo momento, lugares y situaciónes apropiadas para la crítica social y tres años después de producirse el devastador huracán «Katrina», se fue allí para criticar «in situ», la lentitud en las operaciones de impieza y de las ayudas, a todas luces tardías e insuficientes. Las obras de Banksy rezuman humor utilizado como medio para  la crítica. Un ejemplo de ello es su icónica obra «Nola», una de las muy pocas que se mantienen de telón de fondo visible de las 15 plantillas que creó allí. En agosto de 2008 , tres años después de la devastación causada por el huracán Katrina, Banksy visitó Nueva Orleans . El artista utilizó el tejido urbano aún maltrecho de la ciudad como un elocuente telón de fondo para sus críticas a la situación. La mayoría de ellos han desaparecido hace tiempo, pero siguen presentes de muchas maneras. La muchacha se mantiene, bajo el paraguas, con la mano derecha extendida, pero no la priva de sentir la lluvia que cae con fuerza. Naturalmente, un paraguas está diseñado para mantener sin mojarse a quien lo usa  y protegido de las inclemencias del tiempo. El hecho de que la lluvia no caiga del cielo, sino del interior del paraguas, es la forma que tiene Banksy de sugerir al espectador que las mismas instituciones que fueron creadas y diseñadas para protegernos pueden, a veces, hacer todo lo contrario. ¿Es una crítica mordaz al mercado del arte con humor? ¿Se contradice? Se le ha tachado de venderse al mercado que tanto critica. Sea lo que sea, su trabajo nunca deja indiferente a nadie.

La fama de este hombre y su obra ha llegado a tal punto que han tenido que instalar una cubierta temporal para proteger alguno de sus grafitis de posibles actos de vandalismo, que tituló como «Seasons Greetings» «Felices fiestas». Un grafiti de doble cara, que representaba a un niño, con la lengua fuera, intentando pillar con ella la nieve que caía, cuando, en realidad, lo que descendía era humo y brasas de un incendio. Esta obra apareció en dos paredes, que hacían ángulo, del garaje de un trabajador siderúrgico.
                                               Felices Fiestas.- Port Talbot.- Sur de Gales
                                                      Si robas, nosotros disparamos.

El escurridizo artista callejero británico Banksy reconoció oficialmente, hace ya algún tiempo, en el marco de un breve viaje a los EEUU, cuando apareció en la ciudad de New York, que el mural «You Loot, We Shoot» (Si robas, disparamos) era obra suya.  La obra, realizada con plantilla, muestra a un hombre de negocios con el traje típico que usan los que trabajan en la Bolsa de Nueva York,  huyendo con rapidez portando un fajo de billetes en las manos. Esta es la segunda obra relacionada con las acciones y los mercados financieros, después de la primera que apareció meses atrás en Coney Island Avenue y no hay que ser muy agudo para acertar la interpretación que le quiso dar.

Era un secreto a voces en Ucrania, las redes sociales comenzaron a animarse por las instantáneas de una serie de grafitis aparecidos en sus calles y muros que llevaban el sello de Banksy. Aparecieron tanto en Kiev como en enclaves cercanos a la capital ucraniana, duramente castigados por la guerra. Hasta allí se fue el artista callejero, siempre en el epicentro de un conflicto, una vez más. El delirio para sus muchos seguidores llegó cuando confirmó, en su página web, la autoría de uno de ellos, el de una gimnasta balanceándose sobre los escombros de un edificio bombardeado por Rusia. Esta es una de las piezas de la ruta trazada tras las huellas de Banksy en Ucrania.

                                                                                                                                    Borodyanka, Tsentralna 427, 2022 - Banksy

                                                                                                                                         Putin, K.O. – Borodianka                                   

De nuevo en un edificio en ruinas y en la localidad de Borodyanka, otro mural escenifica a un hombre que representa a Vladimir Putin siendo derribado por un niño durante un combate de judo (el presidente ruso solía alardear de ser cinturón negro en este arte marcial, aunque le fue revocado a principios de este año). Tras la liberación de Borodyanka, los investigadores ucranianos encontraron docenas de fosas comunes en las que se habían enterrado cadáveres de civiles que habían sido torturados y asesinados.

                                                                                                                                    Banksy "Si el grafiti cambiara algo, sería ilegal" | Cartel ...

Este muro pintado se le atribuye a BANKSY,  dice «If graffiti changed anything, it would be illegal» (Si el grafiti cambiara algo, sería ilegal), que se encontró en Clipstone Street, Fitzrovia (Londres) el 28 de abril de 2011. Al parecer, se inspira en la histórica frase «If voting changed anything, they’d make it illegal» (Si votar cambiara algo, lo ilegalizarían), de Emma Goldman,  que fue una anarquista y escritora lituana de origen judío, ​​ que fue apodada «la mujer más peligrosa de América». Pero qué simbolizan las ratas que aparecen con bastante asiduidad en las obras de Banksy?¿Acaso Banksy simplemente aprecia a las ratas, o hay un significado más profundo tras sus obras de ratas? Para tratar de descubrirlo, nos fijaremos en que Banksy ha abordado con frecuencia, el capitalismo y el consumismo en su arte callejero, y se cree que las icónicas ratas simbolizan la «carrera de ratas» del capitalismo: la competencia y el consumismo están patentizados en función del tamaño de la rata pintada.

También se cree que las ratas de Banksy simbolizan a los marginados. Banksy las ha descrito como la voz de los «odiados y perseguidos«. Dijo: «Si eres sucio, insignificante y no te quieren, las ratas son el modelo a seguir por excelencia«. Banksy cree que, al igual que las ratas, el arte callejero tiene la capacidad de propiciar el cambio y por esto escribió la frase en una pared bien visible. Esta declaración resalta lo poderoso que puede ser el grafiti como forma de resistencia: el grafiti puede conducir al cambio, pero se considera ilegal. Bien conocemos que las ratas se mueven por los espacios urbanos sin ser detectadas. El propio Banksy afirmó que las ratas « existen sin permiso. Son odiadas, perseguidas y acosadas. Viven en silenciosa desesperación entre la inmundicia. Y, sin embargo, son capaces de doblegar civilizaciones enteras». Si forzamos una equivalencia, las ratas son como los artistas callejeros, que también tienen que moverse sigilosamente por las calles en la oscuridad. Tienen que huir y esconderse de los ayuntamientos y las fuerzas del orden. El propio Banksy tiene que ocultar su identidad para crear sus obras. Ambos son vistos a menudo como molestias por la sociedad: plagas que hay que combatir. De hecho, Banksy suele pintar sus ratas con aerosoles, lo que refuerza este paralelismo.

                                                                    El lanzador de flores
El Lanzador de Flores, es una obra creada por Banksy con plantillas y spray en Beit Sahour (Cisjordania) en 2003, mostrando a un hombre enmascarado lanzando un ramo de flores contra varios helicópteros de combate. La obra está considerada una de las más icónicas de Bansky. Ha sido ampliamente replicada en todo el mundo. En la imagen, conservada por una superposición de plexiglás, la ubicación se vuelve particularmente importante para su significado, haciéndola más destacada, la paz. Se cree que Banksy se inspiró en imágenes de las protestas de la década de 1960, como la fotografía de Bruno Barbey de Mayo de 1968 en Francia. Una versión anterior fue dibujada por Bansky en 1999 y presentada en su primera exhibición el año 2000. La imagen recuerda a los hechos del campus del 1960 y los disturbios callejeros, es evidente por la posición del hombre, su expresión facial y su postura de que existe una intención violenta, ésta se devalúa al cambiar una bomba, una roca o un «cóctel molotov» por flores. Banksy ha creado un fuerte mensaje: la paz asalariada. El título no se lo puso Banksy. La obra se viralizó como «El lanzador de flores» con millones de personas que lo visualizaron en Internet dejándolo, ya, inamovible. Esta obra, aborda temas de paz, resistencia y activismo, instándonos a reconsiderar la eficacia y la moralidad de la violencia como medio de protesta. Otros, por contra, optimizan el mensaje de que el enmascarado desafía las normas sociales, impulsando a los espectadores a repensar el papel del arte en el activismo.
El Lanzador de Flores se publicó como una edición serigrafiada de 150 composiciones firmadas y 600 versiones sin firmar para los editores de Pictures on Walls el 2003. En 2020, tras dos años de batalla judicial contra la compañía de postales Full Colour Black por los derechos de autor de ‘Flower Thrower’ (‘Lanzador de flores’), el tribunal de la Oficina de la Propiedad intelectual de la Unión Europea dictaminó que Banksy, fuera quien fuera, no podía reclamar la obra como marca registrada de la UE, a menos que pruebe realmente ser el propietario y revele su verdadero nombre. Por lo que parece, mantener su anonimato, empieza a costarle un riñón al misterioso artista callejero. A pesar de que en varias oasiones, había declarado anteriormente que «los derechos de autor eran para los perdedores» y había permitido que sus obras de arte fueran de uso y descarga libre. Algo que también ha reseñado la sentencia, afirmando que el artista «ha optado por ser muy claro con respecto a su desdén por los derechos de propiedad intelectual». La discusión puede crecer porque, todas las marcas registradas de Banksy están en riesgo, ya que todas sus obras tienen el mismo problema. Independientemente de lo que esto le pueda costar económicamente a Banksy y su buen nombre, la obra de arte ya está en el imaginario público.
No se sabe cuántas obras habrá pintado por las calles de todo el mundo. Muchas de ellas han desaparecido, de manera consciente algunas y la mayoría de manera inconsciente. En la actualidad las instituciones tratan de mantenerlas en la mejor situación posible, sobre todo, por el alto precio al que han llegado. Banksy no está exento de críticas. Hay algunos colectivos que le critican por el irónico uso y condena que hace del sistema capitalista, mientras trabaja para grandes empresas y galerías de arte cobrando grandes sumas de dinero. Otros colectivos, desde las instituciones públicas y entre sus colegas grafiteros sobre manera, consideran que sus obras son puro vandalismo, por las que no se le sanciona como a los demás, sin tener en cuenta que es su obra la que ha sido vandalizada en múltiples ocasiones. Son posturas minoritarias ya que una gran mayoría aceptan de buen grado esa mancha en las paredes públicas por ser únicas y por lo que tiene de denuncia no exenta de ironía y humor. Se ha hecho un nombre y abusa de ello.
Por último, nos queda hablar de su identidad. Banksy ha hecho gala siempre de su anonimato, era una parte importante de su aura de artista sin identidad. Mucho se ha escrito sobre ello, muchos periodistas y pseudo investigadores han gastado mucho de su tiempo en averiguarlo y en los últimos tiempos parece que se ha dado con su verdadero nombre. También esto entra dentro de la leyenda y la apología. Incluso esta incógnita ha inflado los precios de sus cuadros. Ya en una entrevista radiofónica que le hicieron para la BBC, afirma que su nombre es Robbie Banks. Otro candidato, quizás el principal, era Robin Gunningham. Este nativo de Bristol había sido desenmascarado como Banksy en 2008 por The Mail on Sunday. El tabloide británico afirmó que su investigación, que duró un año, había estado «tan cerca como nadie de revelar» la identidad de Banksy. Sin embargo, se mostró bastante cauteloso. Su portada presentaba una foto de un hombre «que se creía que era Banksy«. Cuando la foto salió a la luz años antes del artículo de 2008, el representante del artista negó que se tratara de Banksy.
En el año 2004, el fotógrafo jamaicano Rickards publicó 21 fotografías de, supuestamente, Banksy, aunque no desveló su nombre. La comparación de las imágenes muestran que Banksy solía llevar una pulsera y un reloj, siempre en el brazo izquierdo. Su cabello era castaño y erizado. Usaba gafas y un pendiente en la oreja izquierda. Rickards también captó en sus fotografías un tatuaje distintivo en el antebrazo izquierdo de Banksy. El hombre de las fotos de Rickards era Banksy. Pero no tenía nombre. En el 2008, a través de su representante,  gestionó un cambio de nombre legal para su cliente. Robin Gunningham, nombre que ya se daba por bueno, se convirtió en otra persona, bajo un nombre que jamás podría vincularse con él. La agencia Reuters, después de años de investigación llevada a cabo por diversos países, tras analizar todos datos recogidos y cotejarlos con otros registros públicos, identificaron el nombre que creían que utilizaba Banksy. Es uno de los nombres más populares en Gran Bretaña, tan común que le permite pasar desapercibido. Ese nombre es David Jones. Es uno de los nombres más populares entre los hombres británicos. En 2017, por ejemplo, había alrededor de 6000 hombres llamados David Jones en el Reino Unido.
En el proceso de rastreo y seguimiento que se le hizo a este hombre con ese nombre y en un informe posterior, rebelan que el 28 de octubre de 2022, el mismo día en que Duley y Del Naja (supuestos dos acompañantes y cómplices de Banksy) entraron en Ucrania. Un tal «David Jones» también cruzó la frontera por el mismo lugar, según una fuente familiarizada con los procedimientos de inmigración. Esta fuente también aclaraba que la fecha de nacimiento que figuraba en el pasaporte de Jones coincidía con la fecha de nacimiento de Robin Gunningham. Banksy, cuyo nombre de nacimiento era Robin Gunningham, adoptó posteriormente el nombre de David Jones. Se desconoce si aún lo utiliza. Esto es lo que afirma la Agencia de Noticias Reuters con sede en el Reino Unido.
Hay otras teorías y otras autorías. Que cada cual se quede con la que más le convenga.

 

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