Todos estamos en el mismo barco. Lowestoft.
Hay un libro de Clair Thompson que ha titulado «El arte de observar las aves» en el que, por medio de anécdotas personales y de un conocimiento experto, nos invita a un viaje consciente a través de jardines, ciudades, campos, bosques, costas y montañas, para disfrutar y aprender de la intensa belleza y de la diversidad del mundo de las aves; un viaje en el que estos seres alados pueden hacer maravillas en nuestros corazones y mentes sólo con prestarles atención. La observación va más allá de la mera visualización. Requiere un momento de pausa e introspección hasta concluir con la recreación mental madura.
Esta misma reflexión puede servir, más en general, para hablar del «arte de observar«, cualquier arte, como la pintura, la música, la danza, la arquitectura, incluso el arte culinario o de la dialéctica o la poesía o el cine. Pero no todo lo que engloban estas palabras, es arte. Para que a una obra la consideremos arte, tiene que hacernos percibir que el corazón se acelera, que nuestras tripas se revuelven, que bulle nuestro cerebro, que se nos pone la piel de gallina, tiene que hacernos sentir que nuestro cuerpo se revoluciona. Si sólo vemos, pero nos deja indiferentes, poned en duda que aquello sea arte. Al menos, no para tí.
Curioseando en el panel de publicidad que todos los Hoteles tienen en el Hall de entrada, vi un panfleto que me llamó la atención. Un Museo dedicado a los murales de Banksy. Desde que oí hablar de él por primera vez y leí lo que hacía en cualquier país, en cualquier ciudad, en cualquier pared, sentía curiosidad por ahondar más en su figura, desconocida hasta hace muy poco, y desentrañar algunos de sus dibujos. Por esas casualidades que se dan en esta vida, dicho museo, que se ha inaugurado recientemente, estaba muy cerca del Hotel por lo que, paseando y callejeando, nos fuimos a saciar esa curiosidad. No nos costó dar con él y, a pesar de no haber mucha gente, nos sorprendió ver tanta. No nos lo esperábamos, creíamos que íbamos a estar solos, pero pudimos comprobar que este artista tiene mucho tirón. La exposición de este artista callejero no defrauda, es fantástica, muy buenas las reproducciónes y la recreación es perfecta en salas amplias y espaciosas.
Una a una, pared por pared, paso a paso, fuimos transitando por aquellos negros con algunos rojos intensos, descubriendo sus incisivas frases. Todos los dibujos tienen su mensaje, mensaje crítico, por supuesto. Hay que sorber ese mensaje, madurarlo y luego escupirlo, para poder absorber el siguiente. Sus obras que llevan un potente mensaje político y crítica social ya destacan por sí solas y han aparecido en calles, muros y puentes de ciudades de todo el mundo.

Una muestra con cuatro obras en una espaciosa sala.
La obra combina elementos simbólicos religiosos (ángel) con la barbarie moderna (chaleco antibalas y calabera), sirviendo como un comentario social sobre la violencia y la pérdida de una vida. Se cree que sea un tributo al artista del grafiti Ozone, amigo de Banksy, simbolizando la muerte súbita, la pérdida de la inocencia. En este caso, representa una figura inocente y delicada con un chaleco antibalas, que en sí mismo encarna la violencia y la guerra. En las obras de Banksy, la sátira no necesita desmantelar por completo una ideología aunque transmita potentes mensajes políticos, para ser considerada un éxito.
La obra más famosa y reproducida es la que representa a una niña en un muro escalonado, cuyo cabello y vestido ondean al viento, intentando alcanzar o, quizá, soltar un globo rojo en forma de corazón que, aparentemente, se le ha escapado de las manos. El globo rojo, único toque de color, es un símbolo arquetípico de la infancia y la libertad con el que muchos nos identificamos. Más que un simple juguete infantil, evoca la fragilidad de lo que representa: inocencia, sueños, esperanza y amor.

Niña con globo, Puente de Waterloo, South Bank, Londres, 2002
Es una imagen archiconocida que, según una encuesta realizada en 2017 en Reino Unido, se trata de la obra de arte favorita de los británicos. Mucha de su fama se la debe al acontecimiento que ocurrió un 5 de octubre de 2018, cuando la casa de subastas Sotheby’s subastó y vendió una copia enmarcada, por más de un millón de libras. Tras la subasta, y después de que el martillo golpeara el atril para dar por buena la venta a un particular, una trituradora de papel escondida dentro del marco victoriano se activó, haciendo trizas la mitad de la obra, ante el estupor y la sorpresa de los allí presentes. Al día siguiente Banksy publicó un vídeo con el texto «The urge to destroy is also a creative urge» («El impulso de destruir es también un impulso creativo»), citando a Pablo Picasso. La imagen autodestruyéndose se viralizó en todo el mundo. La casa de subastas subrayó en un comunicado que la performance se convirtió al instante en historia del arte mundial,
y que desconocían los planes del artista. Los medios de comunicación estimaron que el valor de la obra en el mercado se duplicó gracias a la relevancia de su destrucción. Según el propio autor, la obra tendría que haberse destruido por completo, pero el mecanismo falló y solo trituró la mitad de ésta.
En septiembre de 2019, la casa de subastas Christie’s subastó dos grabados de la famosa imagen, una con el globo dorado y la otra con el globo rojo. Ambos grabados formaban parte de un lote de Banksy que clamó «No puedo creer que los imbéciles realmente compren esta mierda».
Empezábamos con fuerza y las siguientes no nos desfraudaron.

El tríptico «Vista del mar Mediterráneo» (2017), del cual dejamos aquí una muestra, fue subastado en Sotheby’s en Julio del 2020, después de que el artista lo donara para ayudar al un hospital infantil. El tríptico de pinturas hace referencia a la crisis de los refugiados europeos. En un principio eran simples «marinas» pero lo que le da caracter a estas obras es el añadido de los chalecos salvavidas y las boyas abandonadas. Se considera que se trata de conseguir una reacción a la criis migratoria que está viviendo Europa en las últimas décadas, en la que cientos de miles de personas han huido de la guerra y los conflictos e intentado llegar al continente en peligrosos viajes a través de los mares Mediterráneo y Egeo principalmente. Inicialmente, se esperaba que el trío de pinturas alcanzara un precio de 1,2 millones de libras esterlinas cuando aparecieron en la subasta «De Rembrandt a Richter» en Sotheby’s. Los fondos recaudados se destinaron a la construcción de una nueva unidad de atención de accidentados cerebrovasculares agudos y a la compra de equipos de rehabilitación infantil para la Sociedad Árabe de Rehabilitación de Belén.

La obra «Kissing Coppers» «Besos de cobre», representa a dos policías británicos besándose. Fue inaugurada originalmente en la pared del pub Prince Albert en Brighton en 2004. Los dos policías están pintados en blanco y negro. Ambos aparecen con uniforme completo, esposas y una porra en sus respectivos cinturones. Esta representación de un acto de amor entre personas del mismo sexo es un elemento común en el arte, que está presente incluso desde el siglo XVI, como se puede apreciar en el techo de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel .

Nola. New Orleans.
Banksy buscaba, en todo momento, lugares y situaciónes apropiadas para la crítica social y tres años después de producirse el devastador huracán «Katrina», se fue allí para criticar «in situ», la lentitud en las operaciones de impieza y de las ayudas, a todas luces tardías e insuficientes. Las obras de Banksy rezuman humor utilizado como medio para la crítica. Un ejemplo de ello es su icónica obra «Nola», una de las muy pocas que se mantienen de telón de fondo visible de las 15 plantillas que creó allí. En agosto de 2008 , tres años después de la devastación causada por el huracán Katrina, Banksy visitó Nueva Orleans . El artista utilizó el tejido urbano aún maltrecho de la ciudad como un elocuente telón de fondo para sus críticas a la situación. La mayoría de ellos han desaparecido hace tiempo, pero siguen presentes de muchas maneras. La muchacha se mantiene, bajo el paraguas, con la mano derecha extendida, pero no la priva de sentir la lluvia que cae con fuerza. Naturalmente, un paraguas está diseñado para mantener sin mojarse a quien lo usa y protegido de las inclemencias del tiempo. El hecho de que la lluvia no caiga del cielo, sino del interior del paraguas, es la forma que tiene Banksy de sugerir al espectador que las mismas instituciones que fueron creadas y diseñadas para protegernos pueden, a veces, hacer todo lo contrario. ¿Es una crítica mordaz al mercado del arte con humor? ¿Se contradice? Se le ha tachado de venderse al mercado que tanto critica. Sea lo que sea, su trabajo nunca deja indiferente a nadie.


El escurridizo artista callejero británico Banksy reconoció oficialmente, hace ya algún tiempo, en el marco de un breve viaje a los EEUU, cuando apareció en la ciudad de New York, que el mural «You Loot, We Shoot» (Si robas, disparamos) era obra suya. La obra, realizada con plantilla, muestra a un hombre de negocios con el traje típico que usan los que trabajan en la Bolsa de Nueva York, huyendo con rapidez portando un fajo de billetes en las manos. Esta es la segunda obra relacionada con las acciones y los mercados financieros, después de la primera que apareció meses atrás en Coney Island Avenue y no hay que ser muy agudo para acertar la interpretación que le quiso dar.
Era un secreto a voces en Ucrania, las redes sociales comenzaron a animarse por las instantáneas de una serie de grafitis aparecidos en sus calles y muros que llevaban el sello de Banksy. Aparecieron tanto en Kiev como en enclaves cercanos a la capital ucraniana, duramente castigados por la guerra. Hasta allí se fue el artista callejero, siempre en el epicentro de un conflicto, una vez más. El delirio para sus muchos seguidores llegó cuando confirmó, en su página web, la autoría de uno de ellos, el de una gimnasta balanceándose sobre los escombros de un edificio bombardeado por Rusia. Esta es una de las piezas de la ruta trazada tras las huellas de Banksy en Ucrania.

Putin, K.O. – Borodianka
De nuevo en un edificio en ruinas y en la localidad de Borodyanka, otro mural escenifica a un hombre que representa a Vladimir Putin siendo derribado por un niño durante un combate de judo (el presidente ruso solía alardear de ser cinturón negro en este arte marcial, aunque le fue revocado a principios de este año). Tras la liberación de Borodyanka, los investigadores ucranianos encontraron docenas de fosas comunes en las que se habían enterrado cadáveres de civiles que habían sido torturados y asesinados.

Este muro pintado se le atribuye a BANKSY, dice «If graffiti changed anything, it would be illegal» (Si el grafiti cambiara algo, sería ilegal), que se encontró en Clipstone Street, Fitzrovia (Londres) el 28 de abril de 2011. Al parecer, se inspira en la histórica frase «If voting changed anything, they’d make it illegal» (Si votar cambiara algo, lo ilegalizarían), de Emma Goldman, que fue una anarquista y escritora lituana de origen judío, que fue apodada «la mujer más peligrosa de América». Pero qué simbolizan las ratas que aparecen con bastante asiduidad en las obras de Banksy?¿Acaso Banksy simplemente aprecia a las ratas, o hay un significado más profundo tras sus obras de ratas? Para tratar de descubrirlo, nos fijaremos en que Banksy ha abordado con frecuencia, el capitalismo y el consumismo en su arte callejero, y se cree que las icónicas ratas simbolizan la «carrera de ratas» del capitalismo: la competencia y el consumismo están patentizados en función del tamaño de la rata pintada.
También se cree que las ratas de Banksy simbolizan a los marginados. Banksy las ha descrito como la voz de los «odiados y perseguidos«. Dijo: «Si eres sucio, insignificante y no te quieren, las ratas son el modelo a seguir por excelencia«. Banksy cree que, al igual que las ratas, el arte callejero tiene la capacidad de propiciar el cambio y por esto escribió la frase en una pared bien visible. Esta declaración resalta lo poderoso que puede ser el grafiti como forma de resistencia: el grafiti puede conducir al cambio, pero se considera ilegal. Bien conocemos que las ratas se mueven por los espacios urbanos sin ser detectadas. El propio Banksy afirmó que las ratas « existen sin permiso. Son odiadas, perseguidas y acosadas. Viven en silenciosa desesperación entre la inmundicia. Y, sin embargo, son capaces de doblegar civilizaciones enteras». Si forzamos una equivalencia, las ratas son como los artistas callejeros, que también tienen que moverse sigilosamente por las calles en la oscuridad. Tienen que huir y esconderse de los ayuntamientos y las fuerzas del orden. El propio Banksy tiene que ocultar su identidad para crear sus obras. Ambos son vistos a menudo como molestias por la sociedad: plagas que hay que combatir. De hecho, Banksy suele pintar sus ratas con aerosoles, lo que refuerza este paralelismo.



