Madrid, fuera de los circuitos turísticos

Madrid exige un esfuerzo. Por llegar, aunque esté ubicado en el epicentro de la piel de toro. Por visitarla, porque sus museos, monumentos, edificios, son muchos. Porque el gentío diario, del lugar y/o foráneo, es ingente. Porque acoge a todo el mundo por igual. Porque son muchos sus barrios y muy diferentes. Porque asfixia al visitante. Porque el transporte público, que funciona muy bien, siempre va a tope. Porque te sientes insignificante ante tanta actividad.

Buscando el origen del castellano

Cualquier motivo o pretexto es bueno para salir de la rutina diaria. Viajar es el más deseado y codiciado. Ver nuevos lugares o volver a ver aquellos que ya viste hace muchos años y así poder valorar los cambios que, a buen seguro, se han producido con el paso del tiempo. En mi caso y en este caso, ha sido un concierto que el Coro y Orquesta de RTVE ha dado en el Convento de San Francisco de la localidad riojana de Santo Domingo de la Calzada. Ha sido una manera, relativamente cercana, de acudir a escuchar a ese magnífico coro y tener la oportunidad de saludar a algunos viejos amigos, componentes de dicha agrupación coral.

El Museo Cerralbo (Madrid)

Cuando eres un amante de la cultura, en general, y de las artes en particular, al visitar las ciudades de cualquier país, lo primero que buscas o preguntas es sobre los posibles Museos y Teatros que alberga. Investigas si en algún Teatro dan una obra interesante o hay un concierto con obras apasionantes. Y si el horario te cuadra, acudes a disfrutar del espectáculo. Si lo que realmente te mueve son los Museos, averiguas cuáles son todos y entre ellos, los más interesantes, dónde están situados y cómo se pueden visitar. Lo habitual es que, como es imposible ver todos porque carecemos del tiempo necesario, indaguemos cuáles son los más famosos o apreciados y nos dirijamos a ellos.

La Casa de la Villa de Bilbao

En ocasiones, cuando el ajetreo diario nos permite un momento de relajación, de poder ir mirando y admirando lo que tenemos en derredor, nos preguntamos que, aunque hemos visto muchas veces la fachada de ese edificio, no hemos visto lo que contiene en su interior. Y nos gustaría verlo. Desentrañar cuestiones como ¿quién vive ahí? ¿qué profesión tiene? ¿de qué familia es? Y si el edificio es una institución pública, enseguida te crees en el derecho de conocer sus entrañas. Pero, en muchas ocasiones, por ignorancia, por dejadez o por desinterés, desconocemos lo que albergan esos edificios imponentes y no nos preguntamos qué habría que hacer para visitarlo y descubrir algunos de sus secretos.

Han cerrado mi «cole».

Eran las 8:00 A.M. de cualquier día de la semana de lunes a sábado, de cualquier mes de septiembre a junio. Un niño de 4 años, acompañado de su hermano mayor de 6 años salían de su casa para dirigirse al Colegio que sus padres, por proximidad, habían elegido para ellos. Entre su domicilio de un barrio trabajador y el colegio no había más de 400 metros. La circulación era escasa, la ruta, muy variable, nos la conocíamos al dedillo. Por el camino se iban agregando a la comitiva unos cuantos niños más de la misma edad. No tardábamos mucho en hacer el recorrido. Quizá 10 minutos, aunque no nos apresurábamos en llegar, siempre salíamos con tiempo.