Banksy, ese pintor anónimo muy conocido.

Últimamente escribo mucho sobre Madrid. Y es porque mi nieto vive en Madrid y quiero verle crecer, quiero leerle cuentos, quiero notar su capacidad de aprendizaje, de cómo curiosea todo lo que ve y quiere saber. Esto me da vida. Y mientras no está disponible, porque está en su colegio o por las tardes, cuando ya está acostado y dormido, aprovecho para saciarme de todo lo que la capital ofrece, que es mucho, demasiado para lo que el ojo puede ver si no es en un periodo dilatado de tiempo.
Los hombres del hierro

No hay que ir muy lejos. Lo tenemos al lado. Y quizá por eso no nos damos cuenta de lo que tenemos. Otros tiempos, otro mundo, otras formas de vida, otras maneras de ganársela, diferentes modos de buscársela.
Hubo un tiempo en que Bizkaia encontró en la industria el mejor método para medrar, para significarse en el mapa, para ser conocida y reconocida. Y descubrió a los hombres adecuados para que aquello tomase forma.
Recuperando la juventud perdida

Si bien es cierto que cuando quieres encontrar alguna cosa que hace tiempo guardaste y no hay manera de que aparezca, también es cierto que cuando estás buscando ese algo encuentras otras cosas que no te esperabas pero que echabas en falta desde hacía tiempo. Hay ciertas cosas de mi juventud, fotos, escritos, informes, que sabía que tenían que estar por alguna parte de casa pero lo había guardado de tal manera que no había manera de que apareciesen. Y ahora, buscando otra cosa han aparecido.