Un vuelo barato en una de las líneas aéreas low-cost, me dió la oportunidad de plantearme una nueva visita a una ciudad a la que siempre quieres volver, a la que quieres ir para tener la oportunidad de otear lo que la mayoría de visitantes no van a ver, porque ninguna agencia de viajes les va a explicar ni siquiera proponer, aquello que se sale de los parámetros publicitarios.
Sevilla tiene un color especialSevilla sigue teniendo su duendeMe sigue oliendo a azaharMe gusta estar con su gente.
Esto dice el estribillo que, con motivo de la Expo´92, escribieran los autores César Cadaval de Los Morancos y Miguel Ángel Magüesin. Esta canción se ha convertido en el himno de la ciudad hispalense después de ser popularizada por «Los del Río». La letra destaca por la alegría que irradia, el color único de sus calles (el del albero de su Maestranza) y su ambiente festivo, especialmente durante la Feria de Abril, en su Semana Santa, única en el mundo, y como nos indica, sigue teniendo ese encanto, ese carisma que atrae a los demás, sus calles se inundan de ese olor tan característico de los naranjos amargos, mezcla de dulce, frescura, a flores y a cítrico y, por supuesto, sus gentes, con ese gracejo tan especial que es innato, no es rebuscado ni impostado, gente que merece la pena. Y es cierto, Sevilla tiene, aunque haga mal tiempo, aunque jarree, aunque la lluvia haga caer el fruto de sus naranjos, aunque el Guadalquivir esté a punto de desbordarse, una variedad de colores que te hacen expandir las pupilas para sentir emociones como en ningún otro lugar.
Sí, por raro que parezca, la borrasca Kristin ha estado haciendo estragos, incluso en Sevilla donde hemos estado 4 días y todos ellos ha llovido aunque uno de los días fue especialmente intensa la lluvia y las rachas de viento que pareciera como que no nos hubiésemos movido de Bilbao. Y aún así Sevilla ha seguido estando preciosa. Me ha llamado la atención que, a pesar de ser finales de enero (no nos olvidemos que ya es «temporada alta» para el turismo) y con un mal tiempo previsto, la gente que la ha visitado ha sido numerosa, llama la atención la cantidad ingente de orientales, lógicamente, no con las apreturas de los meses más álgidos. Pero en los lugares más emblemáticos había colas.
Ya desde que me puse a preparar el viaje, y lo hice a conciencia, sentía que iba a ser diferente a las demás veces que había estado en la capital sevillana. Y me enganchó el ir descubriendo toda la diversidad de lugares, casas, museos, iglesias, capillas, monumentos, callejas, que se podían visitar. Incluso la búsqueda de un lugar que nos sirviese de alojamiento me resultó interesante a la vez que entretenido. Al final nos decidimos por un apartamento en vez de un hotel. Te dá mucha más amplitud para poder moverte dentro de él y posibilidades de elegir el lugar. Y me divertí con ello.

Nuestro apartamento, 60 ms cuadrados, limpio, céntrico, acogedor, sin ruidos y de fácil acceso aunque ninguna persona te reciba. Toda comunicación por Whass-App.
El vuelo fue muy rápido, llevábamos un viento fuerte de cola que nos empujaba hacia la capital hispalense, por lo que llegamos casi 20 minutos antes de lo que se tarda asiduamente. No tuvimos dificultades para encontrar la calle que, aunque no estaba en el meollo del Casco Antiguo, sí estaba lo suficientemente cerca como para no sufrir las multitudes y poder acercarte, paseando, en poco tiempo. Un edificio construido a pricipios del siglo XX levantado sobre antiguas construcciones que servían de almacenaje ligados a la actividad portuaria de la ciudad. No te recibe nadie, te dan por whass-app un código que tienes que introducir al llegar al portal y ya estás dentro. Apartamente limpio, diáfano, sin ruidos exteriores y suficiente. No, no le voy a hacer propaganda a la cadena de apartamentos que, según me dijeron, supera los 400 sólo en el área metropolitana de Sevilla. Una verdadera pasada y…negocio.
No había tiempo que perder. Inmediatamente nos dispusimos a seguir a rajatabla aquello que tanto tiempo me había costado programar y en su debido orden. Allá que nos fuimos a la Casa Palacio de la condesa de Lebrija situado en la c/ Cuna, paralela a la famosa y archiconocida c/Sierpes. Esta casa señorial sevillana se construyó en el siglo XVI pero no fue hasta 1901, estando ya en un estado casi ruinoso, cuando una señora muy acaudalada la compra, en subasta pública, por 1.000.000 pts y la restaura a lo largo 13 años, cobrando la vida que ella dispuso como quiso, con las diversas adquisiciones que fue efectuando. Por ejemplo, para la planta baja adquirió toda una colección de mosáicos romanos que no los guardó para ella, sino que los dispuso en el suelo pavimentando toda la planta para que fuese la admiración de todos los visitantes, zaguán al que se accede después de atravesar una gran y hermosa verja situada en la entrada. Toda esta planta baja, con un patio porticado en su centro, en cuyo suelo se aloja un mosáico de Itálica denominado «Los amores de Zeus» y está rematada con piezas arquitectónicas de diferentes épocas y culturas, albergando colecciones de restos arqueológicos. También dotó sus habitaciones de elementos procedentes de diferentes periodos artísticos: zócalos de azulejos sevillanos, procedentes de un convento en ruinas, de un colorido y diseño excepcionales, el artesonado de un palacio de Marchena, etc. Hay mucho que ver en esta planta y todo admirable, la visión de estas maravillas te lleva a otra dimensión y a pensar cómo puede ser que haya personas, como tú o como yo, que tengan la capacidad de idear y llevar a cabo semejantes obras. ¡Qué sensación tan abrumadora! La planta alta está dedicada a los aposentos de la familia así como una biblioteca que alberga más de 4000 volúmenes.

Fachada de la Casa de la Condesa de Lebrija.
Esta ilustre señora se llamó Dª Regla Manjón Mergelina, Condesa de Lebrija, fue una mujer culta que desafió los estereotipos de género de su época, adelantada a su tiempo y comprometida con él, con un gran amor hacia el arte, el romano y griego sobremanera, además de la arqueología. A partir de su matrimonio con el sevillano Federico Sánchez Bedoya, Regla se establecería de forma definitiva en la capital andaluza, El matrimonio le dura poco ya que su esposo fallece a los 3 años de casados, dejándola, en herencia, una amplia fortuna que encauza hacia el arte, la cultura y la beneficencia. No es la única muerte acaecida en su entorno familiar ya que en muy poco tiempo fallecen dos hermanos y su madre, lo que provoca un incremento sustancial de un patrimonio ya, de por sí, muy saneado.

Dª Regla Manjón y Mergelina pintado por Sorolla.
Fue la primera mujer académica de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría y dos años más tarde por sus méritos y circunstancias, fue elegida académica correspondiente por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, y desde 1.922, formó parte de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de la Provincia de Sevilla.
Desde el mismo instante de su adquisición, se dedicó en cuerpo y alma a ampliar, renovar y embellecer la que, con toda probabilidad, sería su última morada, un lugar donde quiso guardar las diversas colecciones que fue acumulando durante toda su vida, la arqueológica sobre todo, en forma de mosáicos para el suelo y azulejos para las paredes de un gran colorido y belleza que podemos observar por todo el edificio.

Puerta de azulejos Suelo con un mosáico romano Escalera de comunicación planta baja y primer piso
Se completa esta planta baja de uso estival, con esculturas clásicas y diversas vitrinas que contienen vidrios, lucernas, objetos de bronce, agujas de hueso, vasijas de terra sigillata, camafeos, vasos griegos y un sinfín de objetos de diversa procedencia que le dan a la estancia un sentido ceremonial clásico pero imponente. ¡Cómo puede juntarse tanta belleza en tan poco espacio!

Habitación repleta de restos arquelógicos Habitación de forma ochavada (forma octogonal)
Subiendo por la amplia escalera nos llaman poderosamente la atención tres cosas: En el techo, el artesonado, en las paredes altas, los frisos y hasta los 3 metros aproximadamente el alicatado con los azulejos de vivos colores y figuras. Una verdadera maravilla las tres, que te dejan, si tienes tiempo para pararte a contemplarlos unos momentos, anonadado.

Detalle de los azulejos en la escalera. Siglo XVI Frisos de yeso y cúpula de la misma escalera Biblioteca con 4000 volúmenes
Ya en la primera planta nos encontramos con una galería y habitaciones con diversos cuadros, la mayoría con retratos de sus múltiples antepasados familiares, llegando al salón que ella denominaba «Salón rojo» porque sus paredes, entonces, tenían ese color, hoy de azul, pasando, a continuación a la biblioteca que era su estancia preferida como gran amante de la cultura que era. Superó los 6000 volúmenes, algunos incunables, pero donó unos 2000 a la Universidad de Sevilla.
Esta casa necesita una visita mucho más larga de la que nosotros hicimos porque el tiempo es oro para el turista si tienes intención de ver todo lo que se ofrece. Como se puede adivinar por las fotos, no había nadie. Pudimos movernos a nuestras anchas y merece mucho la pena visitar esta casa.
Esa mañana no nos dió tiempo para más, por lo que después de una frugal comida en un restaurante que nos habían recomendado pero que no fue nada del otro jueves, nos dirigimos, andando, hacia el famoso Barrio de Triana, atravesando el Puente de Isabel II pero que todos lo conocen por el Puente de Triana. Y lo primero que nos atrapó fue una pequeña Capilla que, desde el exterior no te llama la atención y por eso, por poco nos la pasamos de largo. Es la Capilla Virgen de la Estrella, la sede definitiva de la Pontificia, Real, Ilustre y Fervorosa Hermandad Sacramental y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús de las Penas, María Santísima de la Estrella, Triunfo del Santo Lignum Crucis, San Francisco de Paula y Santas Justa y Rufina, tras su paso por hasta cuatro emplazamientos anteriores desde su fundación en 1560. Todos estos nombres le dan al recinto un aire rimbombante y, sin embargo, es un emplazamiento pequeño pero hermosísimo. Esta capilla es relativamente reciente. Se inauguró en la Semana Santa de 1976.
La Virgen de la Estrella, imagen Dolorosa de candelero de tamaño natural no documentada, ha sido atribuida tradicionalmente al escultor Juan Martínez Montañés, aunque estudios más recientes proponen que la Virgen de la Estrella quizá sea una obra de Luisa Ignacia Roldán (La Roldana) y realizada en el periodo sevillano de la artista, coincidiendo con el momento histórico inmediato a la fusión, en 1674, con la Hermandad de Ntro. Padre Jesús de las Penas. En la imagen del Jesús de las Penas, durante su restauración en 1997, se descubrió un documento alojado en el interior de la peana donde se mencionaba la autoría de José de Arce, datándola en 1655. La imagen del Beato Juan Pablo II, que está en uno de los laterales a unos 2 metros de altura bastante bien logrado, llama la atención en ese entorno, en posición sedente, revestido de pontífice con la sotana blanca, la muceta roja y la estola, fue tallada por José Antonio Navarro Arteaga en 2012. Después de un paseo por el Barrio de Triana ya anochecido, contemplando desde esa márgen del canal, la Maestranza, la Torre del Oro y la Giralda con su iluminación nocturna, nos fuimos a descansar ya que, después de lo trotado durante el día, nos lo teníamos muy merecido.

Frontal de la Capilla. La Virgen de la Estrella y el Jesús de las Penas Juan Pablo II
El día de nuestra llegada era Lunes por lo que el Museo de Bellas Artes estaba cerrado. Esta circunstancia, incluidos los tremendos aguaceros que estaban cayendo y que imposibilitaron nuestra visita a las ruinas de Itálica por estar clausuradas, propició que fuésemos a visitarlo al día siguiente, martes, dándonos un paseo apetecible pero mojado desde el apartamento. Otra de las cosas buenas que tiene Sevilla: es plana. No hay cuestas, las calles, todas ellas retranqueadas, empedradas y estrechas, como no hay en casi ninguna tráfico rodado, se camina muy a gusto por ellas. Después de un paseo de 10 minutos en medio de un chaparrón más bien norteño, llegamos al Museo que nos había sido vivamente recomendado,
El Museo de Bellas Artes de Sevilla fue fundado como «museo de pinturas«, por Real Decreto de 16 de septiembre de 1835, con las obras procedentes de conventos y monasterios vaciados por la desamortización del gobierno liberal de Mendizábal. Se sitúa en la plaza del mismo nombre, ocupando el antiguo Convento de la Merced Calzada, fundado en unos terrenos cedidos por Fernando III tras conquistar Sevilla. El edificio responde a las características espaciales de un complejo conventual del siglo XVII. Desde la entrada principal del museo, que se desplazó desde su lugar anterior en 1945, accedemos a la escalera imperial, que junto a los claustros y la iglesia es el núcleo de la construcción, repleta de elementos decorativos aplicados de carácter manierista, cubierta por una cúpula octogonal. Esta se erige como nexo de unión de los tres claustros principales. En torno a estos claustros, el del Aljibe, el de los Bojes y el Claustro Mayor, se articulan las estancias conventuales, con la iglesia en un lateral, la capilla y el resto de espacios, los cuáles algunos se conservan (refectorio, sala de profundis) mientras que otros desaparecieron en su adaptación a museo como el noviciado, la sacristía, el coro de la iglesia del antiguo convento. Hay quien opina que, quizá innecesariamente o porque no tenían un interés destacado.

Fachada principal del Museo de Bellas Artes de Sevilla.
Ya desde la plaza que está presente delante de esta fachada, es arte lo que se respira y se siente al contemplar el monolito o pedestal que se ubica en medio de ella presidida con la efigie en su zenit de Bartolomé Esteban Murillo, personaje de gran relevancia dentro de ese arte sevillano. Antes de entrar por la puerta y antes de ver lo que allí se aloja, nos tenemos que hacer eco de lo que no se alberga porque las desamortizaciones del siglo XIX y la rapiña de los franceses, propició que desapareciesen multitud de obras que, en caso contrario, habrían convertido a este museo en uno de los mejores del mundo. Para los que no conozcan su historia, hay que reseñar que este museo como tantas otras cosas, se levantó gracias al mecenazgo de personas o entidades que tenían el poder suficiente y las ganas de hacerlo. Y este museo, en un gran medida, fue erigido gracias a las ayudas económicas de la familia Ibarra, de orígen bilbaíno, instalados en Sevilla desde mediados del siglo XIX. Es reconocida por su contribución histórica a la agricultura, la industria aceitera y el desarrollo urbano de la ciudad.
No vamos a describir, sala por sala la magnífica obra que atesora, sólo vamos a dar unas ligeras pinceladas, animando a cualquiera que se asome por Sevilla para que este museo sea visita imperdible. Simplemente añadiremos algunas de las fotos más significativas para que se vislumbre la magnificencia del edificio y su contenido en el interior.
Considerado la segunda pinacoteca más relevante de España después del Museo del Prado, acoge una colección excepcional de obras que abarcan desde el siglo XIII hasta el XX. Especialmente valioso es su fondo de pintura barroca sevillana, con autores de renombre como Murillo, Zurbarán, Valdés Leal y Francisco de Herrera el Viejo, ubicadas en el entorno del antiguo claustro, cuyas creaciones reflejan el esplendor artístico de Sevilla durante los Siglos de Oro y ofrecen una experiencia única que te envuelve. Además de la pintura religiosa, también se exhiben retratos, obras mitológicas y escenas costumbristas, junto con una notable colección de escultura, cerámica, grabados y mobiliario.

Fachada vista desde el claustro mayor Patio del Aljibe Una de las 14 salas con el Cristo Crucificado al fondo
Cuando voy a un museo a ver obras que se las atribuyen a los pintores más famosos, como los que hemos nombrado, siempre me queda la duda de si están pintados por ellos o por sus alumnos, ya que todos tenían academias de enseñanza. Tengo el convencimiento de que muchas de las obras que a estos se les atribuyen, en realidad están pintados por sus alumnos y los maestros les daban unos retoques para darlos por finalizados y poner su firma. Lo más probable es que esté equivocado, pero mi pensamiento tiene su lógica. Es imposible que estos personajes famosos del Renacimiento pintasen en una vida, tantas obras como se les atribuyen, se tenían que dejar ayudar por sus alumnos en los talleres. Esta colaboración formaba parte de la enseñanza artística tradicional, donde el alumno aprendía emulando el estilo del maestro.

La Inmaculada de Murillo (La Niña) Santa Justa y Rufina La Sagrada Familia
La experiencia expositiva está distribuida en 14 salas temáticas, organizadas cronológicamente desde la Edad Media hasta el siglo XX, incluyendo pintura, escultura, obra gráfica y piezas de cerámica. El entorno arquitectónico del antiguo convento añade un valor añadido: tres patios renacentistas, la iglesia conventual y una monumental escalera principal que enmarcan la visita y congrega historia y arte. Y en medio del patio una piedra de ese convento anterior donde la leyenda cuenta que Murillo se sentaba en ella, para descansar.


Esculturas del retablo del Hospital de la Caridad.- Pedro Roldán

Magnífica sala con obras que merecen una visión reposada.
Teníamos tiempo y nos lo tomamos. Fuimos pasando por las 14 salas con la tranquilidad del que sabe que nadie nos espera y que aquello que estamos visionando merece permanecer ante cada obra el tiempo necesario para contemplar el arte, emocionarte y reflexionar sobre lo que allí se refleja. Arte Medieval, del Renacimiento, pequeñas obras maestras del Barroco sevillano con el exponente principal de Murillo, sin olvidarnos de sus discípulos, otros como Valdés Leal, la pintura barroca europea, y no podía faltar la pintura española y sevillana con autores como Zurbarán. obras del romanticismo y su tránsito al realismo. Echo en falta más obra del siglo XX aunque se muestran algunas obras de pintura netamente sevillana de la primera mitad del siglo XX.

Santo Cristo de la Caridad San Hugo en el refectorio
Quizá este Cristo de la Caridad sea la obra más imponente de este museo, y es una apreciación netamente mía. Es una imagen realizada por Pedro Roldán, concebida para mover el espíritu hacia la devoción, muestra una de las mayores cotas de tono dramático que se pueden encontrar, y mira que hemos visto cristos por todas las iglesias del mundo, En ella se muestra una excelente técnica y una gran capacidad expresiva. Con gesto implorante y en actitud de orar, con la mirada en actitud de súplica y la soga al cuello y a las muñecas, la imagen llama a la compasión. Me impresionó.
Cuando subimos al piso de arriba nos encontramos con una sorpresa: una exposición itinerante de la familia Becquer, Yo ya sabía que el poeta Gustavo Adolfo y su hermano, eran unos excelentes dibujantes pero no que muchos miembros de su familia se dedicasen, no a la poesía, sino a la pintura como profesión. La exposición muestra, a través de 65 óleos y 83 dibujos, acuarelas y litografías, la singular importancia de los pintores de la familia Bécquer, una saga de influyentes artistas en el panorama romántico sevillano y español. Formada por José, Joaquín y Valeriano, se enriquece con la aportación del poeta Gustavo Adolfo, que se revela como excelente dibujante.
El recorrido muestra la producción de cada uno de ellos, dando a conocer sus rasgos indivuales al tiempo que permite percibir una serie de características comunes como la continuidad de temas y estilos, o su particular agudeza como testigos analíticos de una época de la historia de España. (el reinado de Isabel II) , que coincide con el apogeo del romanticismo en el plano artístico.
La exposición se articula en cinco ámbitos, uno por cada artista, más el dedicado a la obra sobre papel en el que se muestran dibujos, acuarelas y litografías, que en el caso de José demuestran la difusión internacional que alcanzó su obra. Gracias a la litografía se difunden por Europa, los tipos andaluces, sus costumbres y monumentos, entre un público cada vez más interesado por lo español. Otras aportaciones interesantes son: la representación de la ciudad de Sevilla en la obra de Joaquín, con algunas de sus mejores obras, que permiten documentar, además, la Sevilla de los Montpensier, Antonio de Orleans, el benjamín entre los hijos de Luis Felipe I, rey francés; las escenas de costumbres que Valeriano realizó en su viaje por España, en este caso las dedicadas a Aragón y Ávila y la sección dedicada a la faceta plástica del poeta Gustavo Adolfo. Aquí va una pequeña muestra de sus obras, aunque no muestran ninguna de las ilustraciones soeces y pornográficas que se les atribuyen a Gustavo Adolfo y su hermano Valeriano.

Dibujo humorístico de Gustavo Adolfo Becquer

Plaza de la Maestranza.- Joaquín Domínguez Becquer


Retrato de Gustavo Adolfo Becquer pintado por Valeriano Domínguez Becquer
El Museo de Bellas Artes de Sevilla conserva en sus muros y paredes mucho más de lo que aquí hemos expuesto, estuvimos unas dos horas y nos fue imposible ver y admirar todo. Es plenamente recomendable su visita y el que vaya a Sevilla y no lo visite, no podrá decir que ha visto Sevilla. Sólo me queda por decir que he echado en falta más obras del siglo XX. El costumbrismo sevillano y andaluz está perfectamente representado, pero, a no ser que tengan cabida en otro edificio museístico, le faltan obras creadas después de las desamortizaciones y que, con toda seguridad, cualgan en los domicilios de preeminentes personajes sevillanos.
Esta visita realizada de manera lenta y reposada, nos cansó mucho, por lo que decidimos, después de comer, descansar unos momentos en el apartamento. Pero los horarios mandan y nos quedaba mucho por visitar y contemplar. Y cerca del apartamento teníamos otro de los lugares que no te puedes perder si vas a Sevilla de visita. No se trata aquí de dilucidar la cuestión de toros, sí o toros, no. Ya en otros momentos he dejado mi opinión sobre este tema en este mismo blog. Nos dirigimos, callejeando, hacia la Real Maestranza, la magnífica Plaza de Toros que, a todos los extranjeros, que sólo tienen nociones de lo que es «una corrida«, les deja asombrados por su paleta de colores y su luz. Bien es cierto que con el día gris, ventoso y lluvioso que teníamos, no apetecía mucho salir al ruedo, pero lo hicimos. Sin morlacos pero, aún sin ellos, impresiona. Merece la pena, caminar por las callejas observando las fachadas de las casas, todas distintas pero todas con un color especial que te anima al parón momentáneo para contemplarlas en toda su magnitud.
Al llegar a la Plaza más legendaria de la historia de la tauromaquia que, no nos olvidemos, es el tercer monumento más visitado de Sevilla, había una poca cola, pero tuvimos la suerte de pasar ese tiempo muerto hablando con la mujer que estaba al cargo de la tienda de «recuerdos» que era baracaldesa y mi esposa también lo es. Lo que es la vida, la vida de las personas. ¡Dónde ha ido a parar esta mujer del Bº de San Vicente!

Dos aspectos de la preciosa calle Pastor y Landero que va a dar a la Real Maestranza Aspecto exterior de la plaza
Después de atravesar la puerta principal, el pasadizo que nos dirige hacie el albero y a las gradas, nos llevó al Museo integrado en la plaza. En él nos quieren mostrar una pequeña parte de la cultura taurina desde sus comienzos como lidia a principios del siglo XVIII, lo que es el toro bravo, de lidia, los toreros y el arte del toreo con muerte. También se exponen una colección de estampas, aguafuertes, litografías y grabados de los más importantes del mundo dentro de este mundillo. Al terminar la visita al museo, el camino te lleva directamente al coso taurino, a su arena, saliendo a ella por la «puerta grande«, al revés que los «maestros» después de una buena tarde. Una arena finísima pero que , en este caso, estaba repleta de charcos por las fuertes lluvias caídas. Así se nos presentó el coso en todo su esplendor, bien es verdad que con sol tiene un color más llamativo. Pero, aunque no tengas toros cerca, asusta, impresiona, sus dimensiones, su forma circular pero un poco ovalada, de lo que no te das ni cuenta. Una experiencia memorable sólo con pensar lo que tiene que ser ponerte delante de un morlaco de 600 kilos y 1,70 m de alzada, con unos pitones que dan miedo incluso viéndoles desde la grada.

Pasillo que va a la grada y al museo Vista del museo Capilla donde rezan los toreros antes del paseillo

Puerta de entrada al albero Un servidor agarrado al burladero, por si acaso.
La plaza de Sevilla, por su clásica y noble arquitectura, por sus proporciones armoniosas, por su tradición, es sin duda la más bella y sugestiva de las plazas españolas», dejó escrito José Mª de Cossío y no tengo porqué desdecirle.Una plaza única y con un diseño ovalado del ruedo que la hace diferente y con una personalidad propia.
En definitiva, la Maestranza es una obra de arte, un testimonio vivo de la historia de Sevilla y un referente para los amantes de la tauromaquia, y aunque no lo seas, visítala por el goce estético que proporciona. Salimos de allí vivamente impresionados, no sólo por lo que habíamos visto sino también por todo lo que uno se imagina que ocurre en ese coso en una tarde de corrida. Se te encoge el estómago, se te acelera el corazón y, aunque entusiasmado por lo que ves, te sientes sobrecogido.
Pasamos la carretera para acercarnos al paseo que bordea el Canal de Alfonso XIII, que es el antiguo cauce del río Guadalquivier convertido en una vía navegable de unos 13,5 Kms de longitud. Construido para evitar inundaciones y modernizar el puerto. la dársena se utiliza para actividades recreativas, cruceros turísticos, regatas y paseos. Discurre por el centro de Sevilla, separando el casco histórico de barrios como Triana, Los Remedios y la Cartuja. Había mejorado el tiempo y nos dirigimos, por este paseo hasta la cercana Torre del Oro, torre o atalaya defensiva del siglo XIII, hoy convertida en Museo Naval, aunque anteriormente fue usado como capilla, prisión de la nobleza, almacén de pólvora y como oficinas de la Comandancia del Puerto. Tiene dos plantas visitables y una terraza panorámica a la que no subimos porque no estamos ya para esos trotes.
Fue en 2005, durante unas obras de restauración, que los científicos descubrieron que los brillos que le han dado desde siempre popularidad a la torre, se deben a una mezcla de mortero de cal y paja prensada. Se acabó así con siglos de mitos que atribuían el nombre a una supuesta cubierta de azulejos que reflejaba los rayos del sol o a tesoros de oro y plata que el rey Pedro I guardaba en la torre. Existe otro mito o leyenda, ésta más creíble, por el cual se cuenta que el rey Pedro I llevaba a la Torre del Oro a las doncellas que cortejaba. La más conocida en Sevilla es Doña Aldonza, que se dice que vivía en la torre. Hay muchas leyendas más que los sevillanos cuentan aún sin pedírselo, pero no se lo tenemos en cuenta porque su forma de contarlos te hace mostrar una sonrisa. Desde 1944 acoge el Museo Marítimo, para el que se trajeron 400 piezas del Museo Naval de Madrid. En sus dos plantas, el centro reúne diversos instrumentos náuticos, maquetas de barcos históricos, cartas de navegación y documentos que repasan la historia de la Armada española, así como la vuelta al mundo de Magallanes.

La torre del Oro

Réplica de la carabela «Santa María»
No nos quedamos mucho tiempo. Iba anocheciendo y teníamos una reserva para presenciar un espectáculo de baile flamenco, no sin antes catar el ambiente de la ciudad, haciendo un recorrido hasta la Antigua Fábrica de Tabacos, sede hoy de la Universidad de Sevilla. No tuvimos la opción de entrar y disfrutar de su interior pero la fachada es monumental, es una de las más espléndidas representaciones de la arquitectura industrial del antiguo régimen. Funcionó como fábrica de tabacos hasta 1950, año en que, tras el traslado de la factoría a un nuevo edificio en el barrio de los Remedios y tras obras de reformas, se conviertió en la sede del Rectorado de la Universidad de Sevilla y de alguna de sus facultades. Atravesando la Catedral, la Giralda y el Real Alcázar, nos dirigimos a la llamada Casa de la Memoria que es, desde 1999, el Centro Cultural Flamenco de Sevilla, en pleno corazón de la ciudad hispalense. En la actualidad está ubicado en las antiguas Caballerizas del Palacio de la Condesa de Lebrija, una Casa-Palacio sevillana cuyos orígenes se remontan al siglo XVI.

Casa de la Memoria.- Teatro del flamenco
Debo de decir, en honor a la verdad, que no me gusta el flamenco, ni el cante ni el baile, pero esto no quiere decir que no admire el arte del flamenco en aquellos que lo saben interpretar con corrección y no solo para los guiris, sino plasmar en el cante los distintos y múltiples palos que agrupa el flamenco. Y por agradar a mi mujer, que nunca había visto uno de estos espectáclos, nos acercamos a la hora señalada. Había cola y los asientos no eran numerados. Pero como el aforo máximo era de 70 personas por sesión, pensamos que la cola no importaba. Nos colocamos en un lateral con buena visión. Por mi parte tenía ganas de sentir el auténtico flamenco en Sevilla, aprender de sus raíces, vivir ese arte, sentir la magia de “el duende” y descubrir una cultura que no deja indiferente a nadie. Abrí las puertas de mi mente para vivir una experiencia única, en este espacio muy recogido e intimista del teatro y tablao flamenco de la Casa de la Memoria, con vistas al patio central del edificio. Su forma ensanchada y semicircular, que recuerda a los antiguos Cafés Cantantes, permite a los asistentes obtener cercanía con los artistas y apreciar el sonido auténtico del mejor flamenco de Sevilla, y probablemente, del mundo o eso dicen ellos.
Tablao flamenco en la Casa de la Memoria
Tengo que afirmar que pasé una hora muy agradable, disfrutando de un elenco de artistas muy profesionales. Se notaba que había empatía entre ellos, guitarrista, cantaores y bailaores, supieron enganchar con el público asistente, un espectáculo muy completo en el que no hay nada que te distraiga, ni siquiera utilizan micrófonos, no está hecho para el turista despistado, sólo para el que quiera empaparse del folcklore flamenco procedas de donde procedas. Sólo tienes ojos para ellos, no hay tienda de souvenirs, ni bar, ni niños (no se les permite la entrada hasta los 7 años) que te distraigan. Los asistentes, muy respetuosos con los artistas, callando cuando había que estar callado y aplaudiendo cuando había que hacerlo así. Sigue sin gustarme el quejío, el cante en general, pero me encantó el baile, sobre todo los zapateados que para sí los quisiera Fred Astaire. Una noche agradable. Y después de más de 15.000 pasos, según el reloj que me regalaron los hijos, nos fuimos a disfrutar de un merecido descanso.
Al día siguiente y después de desayunar, nos fuimos, dando un paseo bajo la lluvia, a una casa que no puedes dejar de visitar si vas a la capital hispalense: «La Casa de Pilatos» o el llamado también «Palacio de San Andrés o de los Desamparados«. Esta casa se puede visitar y admirar por voluntad de Dª Victoria Eugenia Fernández de Córdoba y Fernández de Henestrosa, actual Duquesa de Medinaceli que creó la Fundación «Casa Ducal de Medinaceli» con el fin de conservar, estudiar y difundir el Patrimonio Artístico vinculado a su casa, entre ellas esta de «Pilatos«.
Esta Casa está fundamentada sobre mitos y leyendas. Las tiene a pares y todas están en el sentir de los sevillanos, que se las creen a piés juntillas. Lo mítico y lo real se funden siendo imposible separarlos. El paso del tiempo, las sucesivas guerras, bombardeos, terremotos, no han conseguido derribarla a pesar de su frágil estructura de madera, ladrillo y estuco. Hoy nos sigue ofreciendo su más bello rostro para los que la visitamos, asistamos atónitos, fascinados y emocionados a la visión de su bello rostro. La casa es de estilo mudéjar y si se cataloga así es sólo porque está realizada por musulmanes después de ser reconquistado todo Andalucía. Ha sido la residencia de los duques de Medinaceli desde que finalizó la Guerra Civil, pero hoy ha asumido el papel de foco cultura de la ciudad. Declarado «Bien de Interés Cultural» y Patrimonio Histórico de España, la Casa Pilatos es el palacio sevillano privado más grande y se considera el mejor edificio nobiliario andaluz, siendo un gran ejemplo de la arquitectura sevillana del siglo XVI.

Fachada occidental de la Casa de Pilatos en forma de Arco del Triunfo
Iniciamos el recorrido, después de entrar por una puerta en forma de Arco del Triunfo romano, por la plaza que, antiguamente se utilizaba para fiestas de toros y cañas así como ejercicios para demostraciones ecuestres. Después pasamos al «apeadero» formado por dos galerías a los lados que dan al patio principal a través de una hermosa reja de fines del siglo XIX. En este patio se mezclan arquitecturas de diversas denominaciones como el gótico, lo musulmán y lo renacentista, todo ello bajo el paraguas de lo mudejar. En su centro hay una fuente sostenida por delfines y columnas en las cuatro esquinas que representan a Atenea, Minerva, Ceres y una Musa. Y en las paredes una extraordinaria colección de azulejos que ya tienen más de 4 siglos pero están inmaculados.
A la derecha de este patio se abre el Salón del Pretorio o de los azulejos de la época morisca. Aquí, libre de mobiliario, hay que dejarse arropar por el suelo, el artesonado del techo y los maravillosos azulejos de sus paredes. No necesitas más para sentirte absorto y pasmado ante lo que estás viendo.

Patio Principal Salón del Pretorio Jardin chico o de la alberca
Luego fuimos pasando, en esta planta baja, por el Corredor de Zaquizaní para poder ver, bajo la lluvia, el Jardín Chico inundado, el Salón Dorado, el Salón de Descanso de los Jueces, la Capilla de la Flagelación, al que le ha dado nombre la columna que se ha colocado en el eje de ella, el gabinete de Pilatos, el jardín Grande acordonado por la abundancia de charcos y barro por el agua de lluvia acumulada. Seguimos admirando la labor de los distintos artesanos subiendo a la primera planta, la planta noble, a través de una escalera única, construida hacia 1538 por el I Marqués de Tarifa, es una obra maestra monumental que destaca por su cúpula semiesférica (inspirada en el Alcázar) con mocárabes (especie de estalagmitas características de la arquitectura árabe), paredes totalmente recubiertas de azulejos de arista del siglo XVI y escalones de mármol. Esta escalera no solo destaca por su valor arquitectónico y su función práctica, sino también como una exhibición de lujo y poder cortesano del Renacimiento sevillano.
Escaleras a la planta noble 
Al final de las escaleras nos encontramos con las Galerías Altas que muestran, en sus paredes, unos frescos del siglo XVI encontrados recientemente bajo gruesas capas de cal, y entrando en los distintos salones nos encontramos con el Salón de los Frescos, la Salita de Fumar, el Comedor con una gran chimenea negra y varios tapices, el Salón del Torreón en el que cuelgan importantes obras de arte, el Salón de Retratos Este y Oeste, la Librería, el Salón de Oviedo, el Salón de Pacheco en el que destaca su techo pintado, una enorme alfombra y un banco español de talla plateresca, llegando al fondo, al Gabinete con el techo también pintado, y en la que destacan unos jarrones hermosos de Sevres
Capilla
Pero si algo llama poderosamente la atención en esta solemne casa, es una pintura que, como una más, cuelga en una de las salas. No puedo soslayarlo, tengo que contar su curiosa historia que causa una sorpresa enorme y que te plantea el interrogante fundamental: ¿Será un hombre o una mujer como anuncia el título del cuadro? Lo aclaramos.

La mujer barbuda
En una de las salas de la Casa de Pilatos vemos un extraño cuadro donde aparece representada una persona con rostro masculino que da de amamantar a un bebé. Las reacciones de los visitantes son de lo más dispar, provocando la risa en algunos, la curiosidad en otros o la repulsión; en todos causa asombro o sorpresa, a nadie deja indiferente. Se trata de una réplica del retrato de Magdalena Ventura con su marido, también conocido como La mujer barbuda, del pintor José de Ribera, uno de los cuadros más fascinantes del siglo XVII del arte español. El cuadro pertenece a la Fundación Casa Ducal de Medinaceli, los propietarios de la casa-palacio, aunque el cuadro original está en depósito y expuesto en el Museo del Prado.Gracias a la descripción en latín que aparece en un lateral del cuadro, conocemos muchos datos acerca de la obra. La inscripción se titula El gran milagro de la naturaleza y representa a la napolitana Magdalena Ventura, de la ciudad de Accumoli, retratada a la edad de 52 años. Narra cómo le creció la barba a sus 37 años, a pesar de haber concebido tres hijos con su marido, Felici de Amici, retratado a su lado. Luego la inscripción continúa presentando al propio pintor, José de Ribera. La inscripción termina contando que pintó el cuadro del natural por encargo del Virrey de Nápoles, el 16 de febrero de 1631.
Magdalena Ventura padecía un hirsutismo muy acusado, esto es, una excesiva producción de pelo, unido a una virilización que supone el desarrollo de caracteres sexuales masculinos, como el incremento de vello corporal y facial, la voz grave y la calvicie. Fue invitada como huésped al Palacio Real de Nápoles por el virrey, Fernando Afán de Ribera y Enríquez, III Duque de Alcalá, y encargó a José de Ribera que la retratase. Mientras el pintor trabajaba, apareció el residente veneciano quien, sorprendido con aquel personaje, escribió una carta al dux de Venecia: “En las estancias de V. Re estaba un pintor famosísimo retratando a una mujer casada y madre de muchos hijos, con el rostro totalmente viril, con más de un palmo de barba negra bellísima, y el pecho completamente peludo, su Excelencia ha querido mostrármela como algo maravilloso, y ciertamente lo es”. Ribera representó a la mujer con gran dignidad, prácticamente inexpresiva, con una postura estable, sujetando entre sus brazos a un niño que, muy probablemente no era suyo debido a su edad y a su avanzado hirsutismo. No se trata de hermafroditismo, sino de hirsutismo, comúnmente producido por el síndrome de ovario poliquístico. ¿Aclarado?
Esta casa, trufada de mitos y leyendas a lo largo de su existencia, tiene hasta el nombre de leyenda que proviene de viejas tradiciones sevillanas e incluso algunos lo sitúan en el pretorio romano de Jerusalem. Pero en sus entrañas perdura algo que no se ve ni se palpa, es su patrimonio inmaterial porque esta casa ha estado desde tiempos remotos ligada a las distintas manifestaciones y tradiciones culturales, la mayor parte de carácter religioso, que han conseguido mantener un componente vivo y un carácter social y de comunidad. Esta dimensión intangible es la que la Fundación persigue, mantener lo que ya existe y recuperar lo que se ha perdido.
Para que no sea todo positivo en esta visita, le ponemos dos peros: 1.- La entrada, dividida en dos ¿Por qué y para qué?, Te cobran una cosa si quieres ver sólo la planta baja pero, si quieres ver la planta noble también, te cobran un suplemento y además es, comparando con otras posibles visitas a sitios similares, muy cara. 2.- Se dejan ver por las esquinas, parte de elementos arquitectónicos tirados por el suelo, como si su rehabilitación estuviese un tanto descuidada.
A pesar de estas cosas, merece la pena pagar y maravillarte.

Fachada oriental.- Entrada para visitantes.
Es increible la belleza que se esconde en las calles y en los edificios de esta ciudad hispalense. Vayas por donde vayas, si estás en el casco antiguo, tienes que echar la vista arriba para ver sus múltiples fachadas que respiran encanto y religiosidad por sus múltiples Cristos y Vígenes en ellas, la mayoría de azulejo. Y si entras en cualquier interior, es enorme el patrimonio histórico que esconde. Y todavía no habíamos pasado por los pesos pesados de lo turístico que acoge esta ciudad. Así que allí nos dirigimos no sin antes ir a recoger al que sería nuestro guía durante 4 horas, mientras no cesaba de llover. Durante nuestro recorrido nos topamos con otra iglesia, una más de las 125 existente en el ámbito de esta ciudad, la Iglesia Colegial del Divino Salvador: Por su recorrido histórico de más de 2000 años, sus extraodinarias dimensiones y su magnífico patrimonio artístico, este recinto religioso es considerado el 2º templo más importante de la diócesis sevillana y uno de los más bellos de Europa.
Comienza su historia ya en el siglo IX como mezquita, en el siglo XIV es cristianizada, en el siglo XVII se derriba la mezquita y se levanta una iglesia cristiana, y poco a poco se va rellenando con retablos e imágenes sagradas. Durante el siguiente siglo se convierte en un tesoro del barroco sevillano, durante el siglo XIX se le van incorporando las vidrieras como regalo de los duques de Montpensier y durante los dos últimos siglos se realizan operaciones de restauración que le han conferido su mayor esplendor. Doy fe por escrito y con las fotos de que los retablos son únicos lo corroboro, que tendríamos que estar contemplándonlos durante horas, cada uno, pero nuestro paso tiene que ser rápido si queremos ver lo que teníamos programado. Respecto al órgano que corona el coro sólo apuntar que es de factura del silo XVIII y su factor fue Juan de Bono y es una de los instrumentos barrocos más brillantes de la península.


Retablo Mayor Retablo portada de la capilla sacramental Órgano barroco
En el Patio de los Naranjos de la Colegiata del Divino Salvador, encontramos esta pequeña capilla que, para muchos, puede pasar desapercibida. La capilla toma el nombre del Cristo de los Desamparados, el cual se encuentra en el retablo principal que hace las veces de altar mayor. También podemos ver la efigie de la Virgen del Prado, que es la titular de la Hermandad de gloria del mismo nombre y que tiene su salida procesional en el mes de Noviembre. Así mismo existe una talla mariana con el nombre de Virgen de los Dolores. Todo lo que se diga de la belleza de esta pequeña y quasisecreta capilla es poco. La mayoría de los visitantes de esta iglesia se quedan sin verla porque no está en el interior del recinto y merece mucho la pena visitarla para extasiarse ante tanta belleza y dirigirte en oración hacia Aquel que ha dado esta cualidad a los artistas que la han creado.

Capilla del Cristo de los Desamparados
Al lado, hay una escalera que lleva a la cripta y que, como la capilla, muy pocas personas visitan. La cripta permite visualizar la superposición de civilizaciones. Incluye vestigios de la colonia romana, cimientos de la mezquita (se puede ver un fragmento de columna original de la sala de oraciones) y el cementerio cristiano de la colegial fernandina del siglo XV. En esta cripta reposan los cuerpos de don Carlos de Borbón y Borbón, su esposa doña Luisa de Orléans y sus hijos. El recorrido se realiza mediante pasarelas de madera que protegen los restos arqueológicos, que incluyen elementos decorativos y azulejería medieval.

Uno de los pasadizos de la cripta de la Colegiata del Salvador.
Se nos hacía tarde para llegar a tiempo a la llamada de la persona que nos iba a guiar por los tres monumentos esenciales para visitar en Sevilla. Había que ir a su encuentro a una hora determinada. Estaba en la creencia de que estas visitas durarían unas 2 horas, por lo que pensaba que después de ellas estaríamos en una hora adecuada para comer. Cuál sería mi sorpresa cuando el guía nos dijo que las visitas durarían, en conjunto, más cerca de 5 horas que de 4 horas. Por un momento pensé en abandonar, imaginando cómo estaría mi mujer con un café únicamente desde las 9 horas de la mañana. Ella me animó a seguir el ritmo de los demás por lo que nos dispusimos a seguir al guía que, con un gracejo muy sevillano, ya había comenzado a dar sus explicaciones sobre el comportamiento que debíamos llevar y sobre lo que íbamos a ver. En grupo, en número de 12 personas, nos dirigimos hacia el Alcázar. Y seguía lloviendo. Había cola pero los buenos oficios del guía, ya muy conocido por los guardas de seguridad, nos procuraron desdeñarla y pasar sin hacerla.

Por las calles cercanas al casco antiguo.- La Giralda, trasera de la Catedral y cola para entrar al Alcázar por la Puerta del León.
Sevilla es una ciudad que respira historia y magia. Entre sus monumentos más icónicos destaca el Real Alcázar, un testigo excepcional de la riqueza cultural que ha definido a la ciudad durante siglos. Con una mezcla única de estilos arquitectónicos y jardines de ensueño, el Alcázar ofrece una experiencia inolvidable. El Alcázar es, ante todo, belleza, espectacularidad y sorpresa. No trates de seguir un orden lógico en la visita, no trates de seguir un ordenado tránsito por su historia. Piérdete por sus salas y jardines aunque repitas el sitio varias veces, tu estado de ánimo te lo agradecerá por el embrujo de sus espacios, te atrapará en un estado de ánimo emocional, te llevará a valorar sus más de 1000 años de historia con sus esplendores, sus decadencias y su renacimiento.
«Sevilla y el mundo son uno, porque sin duda, todo está contenido en ella«. Así describió el dramaturgo Agustín de Rojas Villandrando a la ciudad en el siglo XVII, y así seguimos viéndola hoy. Sevilla es una ciudad cuyas calles han sido testigos de las lágrimas de reyes, artistas, científicos, comerciantes y poetas. Sus edificios son huellas vivas de sus mitos, historia y leyendas. Visitar el Alcázar es adentrarse en esta Sevilla real y mágica. Y si aún no has explorado sus salas ni soñado en sus jardines, aquí te voy a dar algunas razones por las que debes visitar el Alcázar de Sevilla con guía o sin guía, pero si optas por esta opción, empápate antes de su historia y singularidad, en caso contrario, la visita no la apreciarás completa, tendrías la sensación de que te pierdes muchas cosas que deberías saber.

Patio del León Entrada al Patio de la Montería Patio de la Montería Puerta de entrada al Palacio de Pedro I

Y estas que te proponemos aquí, son algunas de ellas. Vamos a descubrir por qué el Real Alcázar es un lugar imprescindible en tu visita a Sevilla. A continuación, te indico 8 de las muchas razones para hacerle una visita reposada y pausada.
1,. La Historia.- El Real Alcázar ha sido escenario de momentos clave en la historia de Sevilla, desde la época romana hasta la actualidad. Cada rincón del monumento cuenta historias de reyes, poetas y artistas, bien islámicos o castellanos, que dejaron su huella en este emblemático lugar. Si tenemos que destacar a alguno de los reyes que pasaron por aquí, sería a Pedro I con su palacio mudéjar, testimonio fiel de una época de esplendor y personalidad. 2.- La Arquitectura.- El Alcázar es un reflejo de la diversidad cultural de Sevilla. En sus edificaciones y espacios se combinan estilos islámicos, góticos, renacentistas y barrocos, ofreciendo un recorrido muy visual por siglos de historia y arte. 3.- Los Jardines.- Los jardines del Real Alcázar son un oasis de tranquilidad en el corazón de Sevilla. Con fuentes, estanques y exuberante vegetación, ofrecen un espacio perfecto para desconectar y disfrutar de la naturaleza, además de ser un goce para la vista. 4.-. La coleción de Arte.- El Alcázar ha sido fuente de inspiración para artistas, poetas y escritores durante siglos. Su belleza ha cautivado a figuras como Sorolla o García Lorca, siendo un lugar que estimula la creatividad. Alberga una impresionante colección de arte que incluye murales, pinturas y esculturas de artistas destacados como Murillo, entre otros. Es un verdadero museo dentro de un palacio. 5.- Patrimonio de la Humanidad.- Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1987, es un reconocimiento a su valor histórico, artístico y cultural. Una visita que te conectará con siglos de legado.- 6.- Cine.- Ha sido escenario de multitud de películas y series icónicas, es un punto clave de la actividad cultural de Sevilla.- 7.-Palacio Real.- Es el más antiguo de Europa.-8.- Turismo.- Es el sexto monumento más visitado de la península.

Sala de las Bóvedas Cúpula del Salón de Embajadores Jardín de Crucero

Patio de las doncellas
Los Jardines también fueron testigos del romance entre María Padilla y Pedro I. Aunque su relación estuvo marcada por la tragedia, su amor perduró en la historia. Descubre los Baños de María Padilla, un rincón mágico donde se dice que se encontraban en secreto. Este lugar encapsula la pasión y el misterio de los Jardines del Alcázar. En él se aúnan y comlementan el gótico y el mudéjar, los jardines italianizantes, los de estilo francés y el jardín inglés. El resultado de todo este proceso en el tiempo es un conjunto vivo y diverso donde el agua y la vegetación dialogan con la arquitectura formando un ensamblaje en perfecta armonía.
Antes de salir del Alcázar, nos acercamos a otra sala indispensable para completar de un modo glorioso la visita. En el palacio gótico del Alcázar de Sevilla se encuentra la sala de los tapices. Uno de los lugares con mayor interés del palacio.Debido a su belleza, el salón de los tapices es uno de los lugares donde se suelen realizar actividades dentro del Alcázar principalmente musicales. Se han realizado numerosos conciertos y conferencias literarias siendo uno de los puntos de encuentro social de los muchos que contiene Sevilla.

Salón de Tapices
Fueron dos horas inestimables, aún a sabiendas de que nos dejábamos mucho por ver. Si realmente quieres visualizar todo lo que se esconde en este recinto, necesitas dos días de mañána y tarde. Y ni los guías ni los turistas tienen tanto tiempo. Son visitas de pasada, de barniz, de compromiso. El Alcázar es mucho más, que requiere una reflexión pero que no te la permiten porque a continuación vienen las visitas de la Giralda y de la Catedral que también requieren de toda la atención.
Al salir del Alcazar y para llegar a la Giralda, tuvimos que atravesar una plaza pública, más bien cuadrada, el Patio de Banderas, todavía dentro de sus murallas, cuyas viviendas que permanecen a la derecha son de ciudadanos normales y corrientes a los que las Instituciones locales pretenden poner entre la espada y la pared para que vendan y así quedarse con ellas para utilizarse en servicios públicos. Lógicamente hay muchos propietarios que se niegan a vender porque ¿qué mejor sitio hay en Sevilla que ese? El día era lluvioso, había caído agua durante toda la noche y los naranjos que constituyen la única vegetación, habían dejado caer sus frutos al suelo zarandeados por el viento.

El Patio de Banderas, entre el Alcázar, la Catedral y la Giralda.
Es el momento para hablar un poco de las naranjas agrias que están por doquier en esta ciudad y que hoy en día son un elemento inherente a ella. Sevilla cuenta con cerca de 50.000 naranjos de carácter ornamental distribuidos por los 14 distritos de la ciudad que permiten que mantenga durante toda la primavera un aroma a azahar, al nacer la flor, que eso significa la palabra árabe «azahar» . Su fruto es una naranja amarga, por lo tanto no sirven para su degustación estando en su estado natural, de la cual se recogen, aproximadamente, unos tres millones de kilos anualmente que son utilizados para múltiples usos, por ejemplo, para hacer mermeladas en una pequeña parte que compran los británicos, y a compostaje y fertilizantes la mayoría. La adaptación del naranjo al clima sevillano era óptima. Necesitaba poca agua, era decorativo, perfumaba las calles en primavera, daba buena sombra y su tamaño era idóneo para usarlo en jardines y patios. De la privacidad de patios y jardines, los naranjos empezaron a estar presente en calles y plazas públicas hace aproximadamente doscientos años. En el siglo XIX, los vecinos pedían al Ayuntamiento que plantara naranjos en sus calles. Como curiosidad, sería Wilkins & Sons el primer fabricante del Reino Unido de mermelada de naranja amarga sevillana y desde 1911, el proveedor oficial del palacio de Buckingham, que sigue importando anualmente 500 toneladas de naranja amarga de Sevilla.

Los naranjos amargos que inundan la ciudad
Y así, entre naranjos disminuido su peso por la lluvia y el viento, pendientes de no pisar las naranjas caídas con mucho riesgo de resbalón, atravesamos la Plaza del Triunfo y llegamos, lentamente, al edificio por antonomasia como es la Giralda. Sólo tiene 17 escalones: Esto es lo que les contestan a los que preguntan por ello. Y es cierto, son lo último que hay que subir para llegar a los miradores, pero antes has tenido que ascender por 35 rampas que te dejan molido. Es de agradecer el que a alguno se le ocurriese tal cosa porque aparentemente es más sencillo subir por las rampas que por un montón de escaleras. Pero …y bajar. A mí dáme las escaleras. Sufren menos las rodillas. Subí hasta el que podía ser el 2º piso y me negué a seguir subiendo. Mis condiciones físicas me eximen de subir hasta los minaretes. Si hubiésemos subido hasta arriba, además de otear unos increíbles vistas de toda la ciudad, recuerdo al lector que Sevilla es completamente llana, podremos observar el Giraldillo que es la escultura de bronce que corona la Giralda. Es una representación del triunfo de la fe cristiana, y se representa como una mujer vestida con túnica y con una palma en una mano y un escudo en la otra. Más allá de embellecer, el Giraldillo tiene la función de veleta. Tiene 3,5 metros de altura, que suben a 7 metros aproximadamente si contamos el pedestal. La altura total de la Giralda es de 104,1 metros de altura desde el suelo, incluido el Giraldillo.

La Giralda en todo su esplendor
No nos llevó mucho tiempo la visita a la Giralda, con 30 minutos tienes suficiente, porque en realidad, lo vistoso es el exterior y verla desde la distancia. El tiempo apremiaba, eran ya más de las 15:00 horas y sin comer nada nos dirigimos a visitar la Catedral entrando por El Patio de los Naranjos. Era, primitivamente en el siglo XII, el patio de abluciones de la mezquita almohade. De forma rectangular(43 × 81 metros), hoy su función principal es servir de descanso, apoyo y paso agradable para quienes visitan la Catedral. .A lo largo de los siglos ha sufrido numerosas modificaciones, sobre todo en el siglo XVII con la construcción, en su lado oeste, de la Iglesia del Sagrario; en el siglo XIX con la nueva Puerta de la Concepción y en los años cuarenta del pasado siglo fueue un espacio abierto, tipo plaza popular; desde 1992 permanece cerrado a la calle, siendo parte del recorrido de la visita cultural y turística a la Catedral. Se accede al interior de la Catedral, por la puerta y nave del Lagarto, ya que, echando la vista hacia el techo existe, colgado, un lagarto momificado, que según la leyenda fue un regalo del sultán de Egipto al rey Alfonso X.

Patio de los Naranjos Puerta de la Concepción Naranjo amargo
La Catedral de Santa María de la Sede es monumental. Ya en el siglo XII comenzó su construcción y se realizó su inauguración como mezquita almohade, siendo derribada por completo, dado su estado ruinoso, en el siglo XIV. En su lugar se levantó el templo gótico que conocemos en la actualidad, dejando claro, desde el primer momento, las autoridades eclesiásticas que aspiraban a que no hubiese otra igual en cuanto a su grandiosidad. Al acceder a su interior nos asombran sus siete naves escalonadas en orden descendente, su impresionante altura y sus casi 100 vidrieras policromadas que, aprovechando la luz solar, crean una atmósfera casi sobrenatural.
En 1987 la UNESCO declaró como “Patrimonio de la Humanidad” el conjunto monumental formado por la Catedral, el Real Alcázar y el Archivo de Indias dado que su convivencia, en un mismo espacio, constituye un magnífico ejemplo de las grandes etapas de la historia urbana de la ciudad por las que ha pasado (musulmana, cristiana y la gran metrópolis del siglo XVI como Puerto de Indias). Además de todas estas circunstancias históricas, la UNESCO valoró, como fundamental, la integridad y el buen estado de conservación de estas construcciones históricas.
La Catedral es enorme y tiene innumerables espacios para ver y detenerse durante mucho tiempo en cada uno de ellos, escuchando las explicaciones del audio-guía y quedándose extasiado ante ellas. Vamos dar unas pequeñas pinceladas de lo más llamativo, porque hablar de todo lo que encierra, sería imposible. Destacaremos el Altar Mayor, el Coro, las Capillas en los laterales y las diversas puertas de entrada. El Altar Mayor está considerado como el más grande de la cristiandad y una de las estructuras de madera policromada más espectaculares de su tiempo. El retablo posee un conjunto de cuarenta y cuatro relieves y más de doscientas figuras de santos que se disponen en las pilastras que articulan el retablo. El crucifijo que preside el Calvario recibe tradicionalmente el nombre de Cristo del Millón, por el millón de gracias concedidas al pueblo de Sevilla en tiempos de epidemias. Necesitaríamos horas para ir viendo y describiendo cada uno de los relieves que tiene y, como una imágen vale más que mil palabras, aquí queda la foto.
Altar Mayor de la Catedral de Sevilla
Seguiremos con el Coro que ocupa un tramo de la nave central del templo, justo al frente de la Capilla Mayor en la zona del Crucero. Tiene en su entrada una reja renacentista excepcional realizada a principios del siglo XVI y en su interior 117 sitiales tallados en madera en estilo gótico-mudéjar con escenas de Antiguo y Nuevo Testamento. En su centro se inserta el gran facistol que es obra renacentista y esta realizado en madera y bronce. Concluiremos este pequeño comentario no sin antes señalar la maestría y armonía con la que se acopla el maravilloso órgano de doble cuerpo de tubos a la estructura formal de la sillería del coro y del que hablaremos más adelante.

Coro con sus sitiales y facistol en su centro
Los portalones o portadas son varias, enormes y de fantasía. La Puerta de la Asunción es considerada la principal de la Catedral, pero su apertura está reservada para ocasiones muy especiales. La idea inicial para la portada incluía muchas más esculturas, con la idea de llenar también los doseletes de las arquivoltas, pero finalmente el proyecto se detuvo y el conjunto ha llegado inconcluso hasta nuestros días. Sin embargo, con la conjunción del estilo neogótico y la labor escultórica de Bellver se consiguió dar una solución bastante digna a la cuestión, consiguiendo que la portada principal se muestre en la actualidad como un elemento en armonía con el resto de la Catedral Hispalense. La Puerta del Perdón es uno de los elementos básicos de la mezquita y por donde se accedía en esa época al interior del recinto almohade y desde donde se enfilaba su nave central y el mihrab (Hornacina en la pared de una mezquita). Actualmente corresponde a la salida de la visita cultural y artística del templo. La Puerta de la Concepción, portada situada en el frente norte del crucero y se abre al patio de los naranjos. Es obra que quedó inconclusa en el proceso inicial de construcción del templo, permaneciendo así hasta 1887. Popularmente se la conoce como «la colorada» por la policromía que la revestía en su interior a modo de decoración pictórica. Puerta de las Campanillas, a esta portada se le denomina popularmente como Puerta de las Campanillas, porque durante la construcción de la Catedral estaban allí situadas las campanillas que llamaban a los obreros a la hora de iniciar los trabajos. La Puerta de San Miguel, la portada de la derecha de la fachada principal está dedicada al Nacimiento de Cristo y es obra también de Lorenzo Mercadante de Bretaña. En las jambas, y ejecutados también en barro cocido por el mismo artista, aparecen los cuatro Evangelistas más San Laureano y San Hermenegildo. Las pequeñas esculturas situadas en las arquivoltas son obra de Pedro Millán. Puerta del Príncipe, portada situada en el brazo sur del crucero por donde actualmente se accede de forma individual a la visita cultural y artística del templo. Su construcción es relativamente reciente, aunque, en su realización, el arquitecto Fernández Casanova se ciñó en su traza al estilo gótico del resto del edificio. Flanquean esta portada dos grandes apilastrados del siglo XVI.

La puerta de La Asunción Puerta del Perdón Puerta de la Concepción Puerta de las Campanillas Puerta del Nacimiento de San Miguel Puerta del Príncipe
La Capilla Real está presidida por un retablo realizado hacia 1646 por Luis Ortiz de Vargas, en donde, en la hornacina principal y bajo un dosel de plata recibe culto la imagen de la Virgen de los Reyes, siendo ésta una figura gótica del siglo XIII de origen francés. A ambos lados de este altar se disponen escaleras que comunican con la cripta, que hace de Panteón Real y donde reposan los restos de distintos miembros de la familia real española, como los de Pedro I de Castilla y de su esposa, María de Padilla. En el interior izquierdo de la capilla figura un pequeño retablo desde donde se accede a la Sala de Juntas, habiendo dispuestas varias vitrinas que guardan valiosos objetos relacionados con San Fernando, incluyendo piezas de orfebrería de gran valor que completan este tesoro.
La Capilla Real
La Sala Capitular. Desde el antecabildo se accede a través de un pasillo de trazado curvo a uno de los recintos más admirables de la arquitectura española del renacimiento, la Sala Capitular de la Catedral, cuya construcción se extendió desde mediados del siglo XVI hasta su finalización en el siglo siguiente. El espacio de este recinto se concibió en planta elíptica, lo que ofrece una perfecta visibilidad de todos los integrantes en las reuniones del cabildo catedralicio, en las que se expresaban y discutían los problemas de gobierno espiritual y material del templo. También la disposición oval y su unitario abovedamiento facilitan la perfecta expansión de la voz, siendo excepcional su acústica.


La Sala Capitular
La Sacristía Mayor. El interior de la Sacristía Mayor es un solemne espacio concebido en planta central que forma una cruz griega de brazos muy reducidos. Su espacio se cubre con una cúpula que descansa sobre pechinas. Sería imposible describir todas las maravillas que se concentran en este recinto. Recorrerla no es nada fácil porque en ella se condensan obras de todo tipo, desde pinturas dignas del mejor museo, vitrinas, estatuas, objetos y utensilios litúgicos de plata y oro, las bóvedas en lo alto, imágenes de la Virgen, Cristo y muchos santos incluidos varios apóstoles, relicarios, custodias como la de Arfe, sobre la mesa de mármol que ocupa el centro de la sacristía. No puedo imaginarme cómo ha habido personas, como tú y como yo, que hayan sido capaces de hacer estas maravillas, y que se hayan podido conservar en perfecto estado duante siglos a pesar de todos los acontecimientos acaecidos durante ese tiempo. Dejo aquí algunas imágenes.

Central de la Capilla con la custodia chica Altar relicario de la capilla Parte baja del muro del Evangelio
La Iglesia del Sagrario.- Un añadido barroco. Este es el acceso principal que generalmente se utiliza, aunque esta iglesia tiene además otras dos puertas, una a los pies y otra que comunica con la puerta del Perdón. En su interior, el templo custodia un verdadero tesoro patrimonial que hay que disfrutar con un tiempo que no tenemos. Esta Iglesia, dentro del recinto de la Catedral, tiene por sí misma valores suficientes para considerarla un conjunto monumental importante dentro de la enorme manzana llena de atractivos de la que forma parte.


La Iglesia del Sagrario Altar Mayor Sepulcro de alguno de los arzobispos
El Patrimonio Artístico se incrementa con obras de todas las épocas, tanto de pinturas, esculturas, artes decorativas, orfebrería, vidrieras, tejidos, libros de coro, vidrieras. El Cabildo de La Catedral de Sevilla destina aproximadamente un quince por ciento de su presupuesto a la conservación, restauración y a los inventarios de los Bienes Muebles de su Patrimonio Histórico-Artístico. El cabildo, cuando se requiere algún tipo de conservación o rehabilitación, sufraga la totalidad de la actuación y, en ocasiones, la restauración de una obra concreta requiere la firma de convenios específicos con otras instituciones.
Uno de los objetos más importantes de ese Patrimonio es el Órgano. o mejor dicho los dos órganos aunque, en realidad, funcione como un único órgano. Los Grandes Órganos de Coro de la Catedral de Sevilla, colocados bajo los arcos torales que flanquean la sillería coral, constituyen desde comienzos del s. XX, un solo instrumento que suena en las dos cajas (lado de la Antigua y lado de San Francisco), consta de un centenar de juegos repartidos en cuatro teclados manuales y un pedalero, y se acciona desde una única consola, gracias a la conexión eléctrica entre ambos muebles que aplica por primera vez en España (1901) el organero vasco D. Aquilino Amezua, constructor de este instrumento. En el año 1996 el organero alemán Gerhard Grenzing se encargó de efectuar una importantísima reforma, aplicando al instrumento las tecnologías más modernas y sentando las bases de un ambicioso proyecto, consistente en volver de nuevo a la tradición multisecular de dos grandes órganos independientes: uno barroco (lado de la Antigua) con consola propia y sistema mecánico, y otro romántico-sinfónico que, sin embargo, se podrán accionar conjuntamente desde la consola eléctrica actual, preparada ya para ello.
El órgano, ese instrumento imponente y majestuoso, que encontramos en tantos templos cristianos; y que, a semejanza del cuerpo humano tiene un cerebro (la consola con sus teclados y tiradores), que rige y gobierna todos sus elementos; un sistema nervioso, por el que el cerebro manda sus órdenes al resto del organismo; unos pulmones (los depósitos de aire, alimentados hoy por un motor); y un sistema respiratorio, que, a través de arterias y venas (los conductos), hace llegar el aire desde los pulmones hasta la última de sus células (los tubos sonoros); solo necesita un hálito del alma de un organista para que reciba la vida y pueda, sintonizando con él, hablar, cantar, llorar, reír, consolar, animar…. y rezar.

El Órgano Barroco en el lado del Evangelio
La Historia no se queda quieta, y tampoco los huesos de Cristóbal Colón. La Catedral de Sevilla pretende albergar la última morada del explorador que cambió el mundo. Pero también la República Dominicana. Y ambos tienen pruebas. Durante siglos, sus restos viajaron casi tanto como él: Valladolid, Sevilla, Santo Domingo, La Habana y de vuelta a Sevilla. En algún momento apareció un segundo «Columbus» en una caja de plomo. Los científicos dicen que han descubierto los auténticos huesos, pero no todo el mundo se lo cree. ¿Qué hay en la Catedral de Sevilla, entonces? ¿Colón? ¿La mayor parte de él? ¿Parte de él? Esto es todo lo que debes saber.
Colón murió en Valladolid en 1506. Su hermano lo trasladó a Sevilla, pero Colón quería descansar en el Nuevo Mundo. España envió sus restos a Santo Domingo en 1542. Cuando España perdió Santo Domingo en 1795, su cuerpo fue enviado a La Habana. Un siglo más tarde, España perdió también el control de Cuba, y Colón volvió entonces a Sevilla en 1898, donde ahora descansa en una tumba ornamentada dentro de la catedral. Entonces llegó el giro. En 1877, unos obreros de Santo Domingo encontraron una caja de plomo etiquetada: «El ilustre y excelente hombre, Don Colón». Sevilla dice que lo tienen. Santo Domingo dice lo mismo. Las pruebas de ADN confirman la veracidad de la afirmación de Sevilla, pero no del todo. Los huesos de Colón, al igual que su historia, lo más probable es que permanezcan dispersos.
La tumba de Cristóbal Colón se encuentra justo dentro de la gran entrada de la Catedral de Sevilla. Situado en el centro, es imposible pasarlo por alto. El monumento es una estructura maciza, elevada y sostenida por cuatro figuras que representan los reinos históricos de España: Castilla, Aragón, Navarra y León. Estas figuras no son meros adornos: simbolizan el poder y la autoridad de las regiones centrales en las que pasó la vida y el legado de Colón. 
La tumba de Cristóbal Colón
Ahora, con todas las capas de historia, este lugar tiene un cierto peso: una mezcla de reverencia, misterio e intriga global. Si estás en Sevilla, no pierdas la oportunidad de pararte ante una tumba que no es sólo la de Colón, sino también un trozo de historia que ha viajado a través del tiempo y de los océanos.
No podíamos terminar nuestra visita sin pararnos, recapacitar, pasmarnos delante de este monumento monumental, darle un tiempo a la tumba de Cristóbal Colón. Eran ya las 17;00 h y no habíamos comido nada, estábamos ya muy cansados de estar de pie y teníamos unas ganas enormes de terminar, a pesar de todas las maravillas que estábamos admirando y dejándomos los pelos de punta. En varias ocasiones he escrito que lo que me emociona, cuando estoy en algún lugar que se conserva del pasado, es ir meditando que, por el mismo lugar que estoy pasando yo, pisando la misma loseta que estoy pisando yo , estuvieron personajes muy importantes de la historia de la humanidad y multitud de personas anónimas desde hace siglos. ¿Quiénes habrán sido esas personas que recorrieron, quizá mil veces por un claustro, quienes han sido los artistas, los poetas, los santos que han atravesado el mismo camino que yo? ¿Quiénes fueron aquellos hombres que se pasaron toda su vida diseñando, proyectando y esculpiendo la cantidad ingente de tallas que existen en este recinto? ¿Quiénes fueron los orfebres que imaginaron y luego tallaron esos prodigios de custodias?
Salimos de allí hambrientos pero asombrados por lo visto. La Catedral de Sevilla ya está en un lugar muy destacado dentro del escalafón de todo lo que he podido ver en esta vida y son ya unos cuantos países los recorridos. Por eso quiero dejar aquí constancia de mi visita explayándome sobre manera. Sevilla se lo merece y este edificio levantado para ser admirado pero también para el recogimiento y la oración es una parte de ese mrecimiento. El guía nos había recomendado un par de bares en los alrededores y hacia uno de ellos, muy cercano, nos dirigimos. Típica tasca veterana, donde se reúnen los lugareños, no en esos restaurantes y cervecerías repletas de guiris, donde te sirven lo que saben que sus paisanos consumen. lo auténtico. Y doy fe de que es así. Tuvimos suerte y pillamos mesa, diminuta, con sillas más diminutas todavía, pero que agradecimos vivamente. Y picoteamos, con ansiedad y fruición. Y prometimos volver. Eso sí, no es muy recomendable para aquellos que prefieren huir del bullicio y buscan la comodidad. Ambiente típicamente sevillano. En definitiva, lugar indispensable para visitar en el Barrio más típico de Sevilla, el Barrio de Santa Cruz, con permiso del de Triana.

Bodega Santa Cruz Las Columnas
Estábamos agotados físicamente y abrumados mentalmente por todo lo acontecido en el día. ¡Cómo es posible que nuestra mente pueda procesar todo lo visto aquel día! Requería reposo y meditación. Dando un tranquilo paseo, no muy largo, nos dirigimos hacia nuestro apartamento, no sin percibir, por las empedradas y mojadas calles, la cantidad de edificios, iglesias y capillas, vírgenes y cristos en las fachadas, que nos íbamos encontrando.
Nuestro último día en Sevilla queríamos dedicarlo a salir al exterior de la ciudad, visitar las ruinas de Itálica y quizá Carmona. Nos fue imposible porque la lluvia seguía cayendo con fuerza, las ruinas habían sido cerradas al turismo e incluso había rutas de autobús que habían sido canceladas. Nos quedamos en Sevilla con la intención de contemplarla con la serenidad que te da el no darle importancia al tiempo que dediques a ello, con la tranquilidad que te aconseja la edad y el estado físico, observando tu alrededor como el filósofo que busca y encuentra razones para continuar filosofando. Y como en el casco antiguo sevillano todas las rutas urbanas van a parar al mismo sitio, nos vimos, una vez más, en medio de la Giralda, el Alcázar y la Catedral. Nos quedaba un edificio por contemplar, el Archivo de Indias.
El Archivo General de Indias, fundamentalmente, custodia los fondos producidos por las instituciones creadas por la Administración española para el gobierno y administración de los territorios ultramarinos españoles. Estas instituciones son: Consejo de Indias y Secretarías de Despacho, Casa de la Contratación y Consulados de Sevilla y Cádiz. Asimismo, se conservan otros fondos de instituciones, e incluso de particulares, relacionados con las colonias españolas en América y Asia. El edificio, dentro del contexto de la plaza, no llama la atención, el turista pasa de largo, no le da importancia a lo que allí se custodia, pero merece la pena introducirnos en la historia, nuestra historia y conocerla. Salas enormes con armarios que custodian las carpetas numeradas con toda la información hasta que llegue un buen investigador que pretenda descubrir de nuevo «las Américas» y sus aconteceres.

Plaza del Triunfo Edificio del Archivo de Indias Una de las Salas del Archivo de Indias
Cuando salimos de allí, era la hora de comer, mediodía, y gracias al buen sabor de boca que nos había dejado la Bodega el día anterior, nos dirigimos hacia allí. Fué imposible entrar. Ni acercarse a la barra y menos encontrar un sitio en el que sentarse por lo que nos tuvimos que ir a buscar otro lugar que no fuese muy turístico. Por el camino nos topamos con una casa «visitable» y como teníamos tiempo decidimos entrar. Era la Casa Fabiola. Merece la pena la visita cuya primera sorpresa es que el benefactor y donante de todo lo que en ella se halla es donación de un bilbaíno, Mariano Bellver. La historia de Sevilla durante el siglo XIX, la literatura, la música, las bellas artes en general y la influencia y transmisión de conocimientos importada y exportada por los viajeros románticos, constituyen la base sobre la que se conforma la realidad de la ciudad actual. Un reto que posiciona el proyecto Casa Fabiola Donación Mariano Bellver como un icono de modernidad a la hora de interpretar, difundir su patrimonio y establecer nuevos y originales vínculos culturales con los ciudadanos y los visitantes. La colección, compuesta por 567 piezas, entre pinturas, esculturas, relojes, cerámica y porcelana, mobiliario y figuritas talladas, es la mayor colección dedicada al costumbrismo sevillano. Una cuestión particularmente significativa es que el conjunto pasa a estar a disposición del servicio público, tal como deseó el donante, y que además se encuentra en un estado de conservación excepcional. Para ello, el Ayuntamiento sevillano compró y aregló la Casa Fabiola con la finalidad de convertirla en museo donde se expondría la colección.
D. Mariano Bellver Utrera nació en Bilbao en 1926, trasladándose a vivir con 12 años a Sevilla. Allí labró su vida, se casó con Dª Dolores Mejías y comenzó a adquirir obras de arte siguiendo las indicaciones y consejos de su esposa, verdadera experta en el arte del Siglo de Oro, del Romanticismo y del Realismo. Don Mariano Bellver Utrera centró su vida profesional y personal en la docencia para transmitir los conocimientos, valores y excelencia a los niños y jóvenes de la ciudad de Sevilla. Siempre dedicó sus trabajos profesionales, su tiempo libre, así como sus ahorros a formar a personas, ayudando a aquellas otras que no disponían de medios económicos, pero sí inquietudes de aprendizaje. Entre otros reconocimientos, posee la Medalla de Oro de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla (2010) y la de la Ciudad de Sevilla (2015). Falleció el 23 de noviembre de 2018.


Casa Fabiola Una de sus salas de exposición Patio de la Planta Baja
De esta manera acabamos nuestro periplo por Sevilla. Habíamos tenido que abandonar el apartamento y no teníamos el avión hasta las 21:30 h lo que nos obliagaba a buscarnos la vida hasta esa hora. Seguía lloviendo y no apetecía nada seguir caminando por un suelo»embarrado» por las naranjas caidas con riesgo de darte un trompazo de aúpa. Soy consciente de que nos hemos dejado mucho por ver, porque en Sevilla hay mucho más que contemplar y no sólo las Iglesias y/o Capillas (hay 125, la segunda ciudad con mayor número de ellas después de Roma), por ejemplo la Plaza de España cerrada a cal y canto, el Pabellón Real, el Palacio de San Telmo sede del Gobierno de la Comunidad Autónoma y que sólo abre dos días al año, eso sí, con carácter gratuito, el Palacio de las Dueñas, el Hospital de los Venerables Sacerdotes, el Pabellón Real y muchos etcéteras más.
Con la intención de volver para poder visionar todo ello, nos marchamos, en un vuelo sin complicaciones, contentos por todo lo visto: soberbio, admirable, prodigioso y mucho adjetivos más que ahora no me acuerdo. Gracias, Sevilla.


