Sucintamente y para aquellos que todavía no la han visto, les contaré que el tema central es el «discernimiento» que realiza una adolescente de 17 años cuando cree que tiene una vocación religiosa y su intención es «meterse monja» y, además, contemplativa. Hay otros temas secundarios como la mala relación de pareja de su tía o los problemas económicos de su padre pero que no oscurecen el principal. Dicen que las películas buenas son las que vuelven a verse cuando se encienden las luces de la sala. Ésta es una de ellas. En todo caso, una proposición cinéfila muy arriesgada,
Desde luego que una cosa es el tema y otro el tramiento que se le ha dado. El tema porque hoy en día, la religión, Dios, la Iglesia, no están de moda, las personas se han alejado cada vez más de esas ideas porque no les sirven a sus intereses diarios, viven mejor sin tomarse la obligación de ir a Misa todos los Domingos o confesarse, sin olvidarnos de que son los miembros de esa Iglesia, con sus fechorías, las que han alejado a mucha gente de la espiritualidad y de la religión. Por esto, el que alguien se haya tomado la molestia de pensar en que este tema podría resultar interesante para el público, en general, y darle un tratamiento adecuado, ya resulta fascinante. Una vez llegada la cinta al público, la sorpresa ha sido mayúscula, nadie se ha quedado indiferente, a todos les ha enganchado, creyentes y no creyentes porque todos tenián algo que decir, muchas veces de manera contradictoria, con una visión muy distinta de lo visto. La primera sensación que he captado de la gente con la que he hablado del tema es que, incomoda, intranquiliza, no te sientes cómodo, hay alguna fibra dentro de tí que se remueve. Este es el fin mismo que pretende la directora, que te revuelvas en el asiento, que se te despierte alguna neurona adormecida, que te sientas incómodo. También, que sea motivo de conversación porque no cuesta identificarte con alguno de los personajes. Porque te exige mostrar criterio propio, requiere madurez para posicionarse y para razonar ese criterio.
Y tomas posiciones con respecto a la actitud de la adolescente, de la tía y de la madre superiora porque te identificas con alguna de ellas. La directora del filme hace una labor relevante con estos tres personajes, tomando una posición de total neutralidad, cargando, quizá, un poco las tintas, en el personaje de la tía porque así lo requiere.
«Los más adultos, a partir de los 40, se centran en el debate de lo religioso, dependiendo de sus sensibilidades y sus experiencias, mientras que la gente más joven utiliza lo religioso como metáfora para conectar con la película desde otro sitio«, ha declarado la Directora Alauda Ruiz de Azúa. Claro, los que tenemos una cierta edad, la mayoría hemos pasado por un colegio religioso, la asignatura de religión estaba presente, aunque luego cada uno haya elegido su camino. La mayoría abandonar la idea de un «dios» y, sobre todo, de una Iglesia con sus miembros consagrados que no han sabido estar a la altura. Los jóvenes ni siquiera han oído hablar de Dios, de la Biblia, de Jesucristo, de lo que significa ser creyente. Pasan de todo esto, por eso tienen que utilizar las metáforas y el hecho de que una chica, como ellos, decida «meterse monja» es porque está pirada, se le ha ido la pinza o la han comido el coco.
Con lo que no puedo estar de acuerdo es cuando manifiesta que «la vocación es una excusa para hablar de otros temas«. No, rotundamente, no. Es lo otro lo accesorio, lo que importa es profundizar en el por qué una adolescente se plantea, seriamente, el dejar una vida cómoda y, posiblemente, triunfadora, por una vida apartada, sin contacto con el mundo y su familia, dedicada, en exclusiva, al trabajo y a la oración. Qué le lleva a realizar ese discernimiento, primero, y decidirse por la «contemplación» después. ¿por qué, contra lo que piensa una mayoría, hay personas que abrazan, conscientemente, esta vida y, además, les satisface?.
Otro de los temas que aborda la película es la posible manipulación de la niña a cargo tanto de su director espiritual como de la madre superiora. Yo no lo veo por ninguna parte, al menos el planteamiento que realiza la guionista no es ese. Quien trata de manipular insistiendo de manera contínua e incluso amenazante, para que cambie de opinión es la tía, que pretende, de esa manera, proteger a su sobrina ante la falta de una madre y un padre condescendiente, por eso se cree con autoridad moral para insistirle a su sobrina hasta la saciedad, en el camino que debe de seguir, en un vano intento por quebrar su voluntad. Y la prueba más clara de su manipulación viene dada por la decisión final que toma de negarles la herencia, reacción visceral, a mi modo de ver, incomprensible.
Cuando decides ir a ver la película se pueden considerar dos ópticas totalmente diferentes: El que va a verla porque quiere poder opinar después, pero desde una posición de neutralidad, un «a ver qué pasa«, y otra el va ya predispuesto, cargado de prejuicios y que vea lo que vea, no va a cambiar de opinión, incluso, afirmará que la película es mala, tergiversará las posiciones de los protagonistas para afianzarse en su juicio e incluso echará pestes sobre lo visualizado.

He visto la película dos veces, tratando, la segunda, en discernir la realidad de las opiniones que he leido y escuchado a mi alrededor y he sacado varias conclusiones: En primer lugar, la película llama la atención por la temática de que trata. El que hoy en día, en una sociedad laica, totalmente al margen de la religión, que se ha convertido en un tema tabú o por lo menos incómodo, se plantee que una adolescente, normal y corriente, abandone una posible vida de confort por irse a un convento de vida contemplativa, no entra en los parámetros de las personas que desconocen , y no les interesa conocer, la vida espiritual. En segundo lugar, yo no veo adoctrinamiento ninguno por parte de los miembros religiosos, sino más bien un dejar hacer, que sea ella la que vaya madurando su decisión por sí misma, sin forzar situaciones. En tercer lugar, el guionista ha tenido que rellenar la película con otros temas secundarios como la mala situación económica del padre o la complicada convivencia de su tía y la pareja. Por lo tanto, no es ella, con su decisión, la que rompe la familia, ya está rota.
En definitiva, las opiniones están muy divididas de manera extrema. El que, de alguna manera, tiene un sentimiento religioso, católico o no, se siente identificado, le ha llenado de emociones y se ha sentido cercano a la niña y su familia, así como que opinan que la película es excelente. Y hay quien opina que es una película casi de terror y que eso es fundamentalismo religioso. De todas las maneras, esta película ha servido para que se inicie un debate, muy interesante, sobre la fe, creer o no creer.
El fondo de la cuestión radica en una búsqueda del amor verdadero, el terrenal hacia un compañero de Coro o hacia el místico del que esperas todo el amor que no encuentras en este mundo.
P.E. He leído varias críticas, he visionado en Facebook varias opiniones, conversaciones y debates y en uno de ellos he podido leer una lectura de la película en la que no había caído y que me ha parecido muy interesante. Saca la película del contexto religioso y coloca el foco en el padre, su postura con respecto no sólo a su hija adolescente y su planteamiento de abandonar familia, estudios, vida cómoda, sino también con sus otras dos hijas. ¿Quiere irse a un convento por convencimiento religioso o, simplemente, se quiere ir de casa, huir de una familia un tanto desestructurada por la situación del padre? Como está ya publicada, no creo que al autor le importe que la reproduzca íntegra aquí.


