Banksy, ese pintor anónimo muy conocido.

Últimamente escribo mucho sobre Madrid. Y es porque mi nieto vive en Madrid y quiero verle crecer, quiero leerle cuentos, quiero notar su capacidad de aprendizaje, de cómo curiosea todo lo que ve y quiere saber. Esto me da vida. Y mientras no está disponible, porque está en su colegio o por las tardes, cuando ya está acostado y dormido, aprovecho para saciarme de todo lo que la capital ofrece, que es mucho, demasiado para lo que el ojo puede ver si no es en un periodo dilatado de tiempo.

Madrid, fuera de los circuitos turísticos

Madrid exige un esfuerzo. Por llegar, aunque esté ubicado en el epicentro de la piel de toro. Por visitarla, porque sus museos, monumentos, edificios, son muchos. Porque el gentío diario, del lugar y/o foráneo, es ingente. Porque acoge a todo el mundo por igual. Porque son muchos sus barrios y muy diferentes. Porque asfixia al visitante. Porque el transporte público, que funciona muy bien, siempre va a tope. Porque te sientes insignificante ante tanta actividad.

Una peli para reflexionar.

No voy mucho al cine. Mucho ruido y excesiva comodidad. Y en casa, las películas de la T.V. no consiguen engancharme casi ninguna. Creo que nuestra generación entendemos que el cine tiene que servir para pasar el rato, divertir, entretener. Pero de un tiempo a esta parte, parece ser (no soy un experto) que el «tema», el planteamiento de la película está tomando mucho valor. acompañado de un tratamiento adecuado a esa temática. En los últimos meses se ha estrenado una película que ha llamado la atención mediática y a pié de calle porque su temática se sale de lo habitual y todo lo que se sale de la norma, enciende una lucecita en nuestro interior. Su título; «LOS DOMINGOS».

Manantiales de sal.- Añana

Me parece una incongruencia el que nos vayamos a países lejanos buscando las maravillas que encierran dentro de sus fronteras desconociendo las que tenemos al lado de casa. De algunas hemos oído hablar toda la vida de ellas, pero como están cerquita nos decimos: ¡Ya iré cualquier día a verlas! y nos vamos al otro mundo sin haberlas vista nunca. Y merecen la pena. Creo recordar, pero muy vagamente, que, de niño, el colegio en el que estudiaba nos llevaron un día de excursión al Valle Salado de Añana. Tenía ganas de volver para rememorar aquella visita y disfrutarla como se merece.

Hay un «dios» en la tierra.

Nos encontramos en un tiempo convulso, lleno de incertidumbres, donde no se sabe muy bien quién hace el papel de bueno y quién el de malo en esta película en la que somos actores muy secundarios. Aunque, si somos adictos a los periódicos, telediarios, o redes sociales en los que sólo nos informan de todo lo malo que va ocurriendo, al momento, en el mundo, muchos llegarán a la conclusión de que no merece la pena vivir y convivir en este mundo. No se puede confiar en los políticos, en la policía, en los médicos, en los asesores financieros, en las inmobiliarias, en la iglesia y sus acólitos, incluso en tus amigos y, si me apuras, ni en tus seres queridos más cercanos. Todos ellos nos han decepcionado alguna vez y de alguna manera.

Sevilla ¡Qué maravilla!

Hay lugares que, aún siendo dignos de ver, una vez vistos, ya no tienes ninguna intención de volver. Está visto. A otro lugar y punto. En cambio, hay algunos lugares en los que cuando te estás marchando ya te planteas el regresar en un tiempo más o menos corto. Te queda la sensación de que no has visto todo lo susceptible de verse y admirarse y que una segunda vuelta te daría la oportunidad de ahondar en lo ya visto o descubrir nuevas sensaciones.

Me han dado un premio.

El Ayuntamiento de Getxo, que es donde vivo desde hace 48 años, dentro del marco de la Cultura, pone en marcha de manera anual los Premios Aixe Getxo!. De lo que se trata es de destacar la labor realizada por los habitantes de este pueblo en distintas modalidades o ámbitos relacionados con la Cultura, por ejemplo, en las artes visuales y audiovisuales, artes plásticas, artes escénicas, música clásica y actual, literatura, diseño, arquitectura, gastronomía, cultura educacional y de valores, científica e innovadora y, por último, patrimonio cultural tangible e intangible. Este año 2025 va a ser su 15ª edición y que pretende poner el valor a los activistas culturales en esos campos a la vez que impulsar la participación ciudadana.

Los hombres del hierro

No hay que ir muy lejos. Lo tenemos al lado. Y quizá por eso no nos damos cuenta de lo que tenemos. Otros tiempos, otro mundo, otras formas de vida, otras maneras de ganársela, diferentes modos de buscársela.
Hubo un tiempo en que Bizkaia encontró en la industria el mejor método para medrar, para significarse en el mapa, para ser conocida y reconocida. Y descubrió a los hombres adecuados para que aquello tomase forma.

El toro de lidia

Cuando esta semana me dirigía hacia tierras salmantinas para redescubrir su capital, no tenía en mente realizar una visita a una dehesa que albergase en su interior una camada de reses bravas, pero ojeando la publicidad que suele haber en las recepciones de los hoteles, descubrí la posibilidad de efectuar una visita a una de ellas. Y, ¿cuántas veces en la vida tenemos a mano esa posibilidad? La cogí «por los cuernos», llamé a la Hacienda y una mujer muy atenta (que luego me enteré que era una gran artista) me puso en contacto con el encargado de la finca y concertamos una cita.

Los pilares de Ken Follet

Con ocasión de la representación del musical basado en la obra homónima de Ken Follet “Los pilares de la tierra”, he vuelto a releerla así como la entrevista que le han hecho en un diario de la Villa de Bilbao. Lo que afirma en ella y lo que escribe en la introducción de dicho libro, me da pie a efectuar unos comentarios sobre ellos.