Javi Campo

Cervantes y los Trinitarios

Es frustrante que te pongas a buscar datos de un personaje no excesivamente conocido en todas las redes sociales actuales, en los links, enlaces, twits, bibliotecas digitales, etc… y no encuentres nada o solamente unas líneas. Si es relativamente actual puedes acudir a la familia o amigos que, amablemente en la mayoría de los casos, te ayudarán en todo lo que tú quieras con todo lujo de detalles, lo que es de agradecer. Pero también te encuentras con personajes tan conocidos, tan famosos, tan populares, tan sublimados por plumillas de toda condición, tan repasados, que se hace muy complicado deslindar el grano del polvo y la paja, lo que pueda acercarse a la verdad o cuánto hay de fantasía en lo escrito y leído, resolver lo que pueda resultar más interesante para el lector o reducir lo publicado sobre él a unas pocas cuartillas y que resulte coherente.

Einstein en la picota

Albert Einstein es uno de los científicos más afamados del siglo XX debido, sobre todo, a su archiconocida Teoría de la Relatividad que revolucionó la ciencia hasta entonces conocida, aunque no fuera por ella por la que consiguiese el Premio Nobel de Física en 1921 sino por sus investigaciones sobre el «Efecto fotoeléctrico». Indudablemente este hombre fue una de las mentes más privilegiadas que nos ha dado la humanidad. Pero como todo ser humano, tenía una cara «B», un lado más oscuro que no se conoce porque no interesa que se conozca no vaya a ser que se nos caiga el «sombrajo» de nuestros ídolos o héroes. Einstein era un iconoclasta que nadó contracorriente durante toda su vida, un impertinente, inconformista y sentía animadversión a todo lo que oliese a dogma.