Un saludo.

Se le ve venir de lejos. Con su gran envergadura, su corpulencia desmadejada. Con andares irregulares y desgarbados, vestimenta sencilla y desaliñada. Según se va acercando tu mente le va encontrando llamativas singularidades, peculiaridades que te causan, en un primer momento, extrañeza. Enseguida te das cuenta de que algo no cuadra, que la figura que se va acercando no es igual a la común de los mortales. Él es distinto. Pero lo que más llama la atención es que, a su paso, haya mucha o poca gente, va saludando sin pararse a todos, uno por uno, los que se van cruzando con él. Y yo también me cruzo con él, y a mí también me saluda y yo le correspondo siempre, todos los días, desde el primer día en que me mostré perplejo por su actitud.
Balmaseda en la memoria de un «frailillo».

A lo largo de nuestra vida se nos van acumulando en la memoria ciertos sucesos que se van quedando pegados a ella de manera indeleble y duradera, no todos tienen que haber sido importantes, también aquellos de paso fugaz y que se han producido hace muchos años. En muchos sentidos, nuestros recuerdos nos hacen ser quienes somos, son nuestra esencia como seres humanos. Pero para que esos recuerdos perduren necesitan de la memoria, un concepto que a pesar de ser conocido por todos, desconocemos en profundidad. En este artículo, y a petición generosa de un amigo balmasedano, trataré de rememorar hechos que sucedieron hace 60 años pero que de manera inverosímil se han mantenido en «mi disco duro».
Y es que la memoria hace referencia a una capacidad mental cuya función es codificar, almacenar y recuperar información. Es decir, nos permite guardar en nuestro interior experiencias tales como sentimientos, sucesos, imágenes o ideas a través del túnel del tiempo.
En este caso concreto utilizaré lo que los expertos llaman: Memoria episódica. Es aquella caracterizada por el recuerdo de sucesos o experiencias de carácter personal, bien de un momento concreto como puede ser el día de nuestra boda o los que se alargan durante un periodo más largo de tiempo.
La Ermita del Ángel

Siempre resulta complicado escribir sobre algo de lo cual ya se ha escrito y mucho anteriomente. Volver sobre el mismo tema pero dándole otro enfoque, o tratar de dar más información y de manera diferente, conseguir el obtener otra visión distinta sobre el mismo hecho o sobre el mismo lugar es el reto del investigador o del historiador. Voy a tratar de ver desde otra perspectiva un lugar que todo getxotarra debería conocer a pesar de estar como escondido detrás de otro edificio histórico del Barrio de Andra Mari y a la sombra de su Parroquia. Estoy hablando de la Ermita, o quizá Humilladero, del Ángel de la Guarda.
Un viaje de ida y vuelta.

La naturaleza humana tiene estas cosas. Y los hechos tambien. Lo que hace 40 años no valía, no gustaba, causó un rechazo casi unánime, hoy se acoge con cariño y es del agrado de todos. Esta historia que voy a contar ahora es un viaje de ida y vuelta de dos imágenes del mismo autor y que representan, la una un Cristo en actitud orante y la otra una Virgen con niño en su regazo.
De paseo por Menorca

He estado en Menorca. ¿Se puede decir que de vacaciones? En mi caso creo que no por dos razones. La primera es porque ya estoy jubilado y me puedo mover cuando quiera y por donde quiera sin tener que pedir permiso a nadie, y en segundo lugar porque mis intenciones al ir a esa isla no son las de tumbarme al sol en una cala paradisíaca, ni siquiera al borde de una piscina de lujo.
Hace unos 15 años, cuando era 15 años más joven, ya estuve allí y tuve la oportunidad de ver algo pero no todo lo que la isla ofrece por lo que quería volver y dedicarme a verla, disfrutarla en toda su extensión. Visitar todo lo que el tiempo me diera y empaparme de su cultura, de sus casas blancas, de sus aguas turquesas, de su arena finísima, de sus calas recónditas y vírgenes. En una palabra, conocerla. Lo más a fondo que el tiempo de mi corta estancia me permitiese.
Recuperando la juventud perdida

Si bien es cierto que cuando quieres encontrar alguna cosa que hace tiempo guardaste y no hay manera de que aparezca, también es cierto que cuando estás buscando ese algo encuentras otras cosas que no te esperabas pero que echabas en falta desde hacía tiempo. Hay ciertas cosas de mi juventud, fotos, escritos, informes, que sabía que tenían que estar por alguna parte de casa pero lo había guardado de tal manera que no había manera de que apareciesen. Y ahora, buscando otra cosa han aparecido.
Los malakates de Getxo

Cuando hace ya 48 años vine a vivir a Getxo lo hice muy cerca de lo que se da en llamar popularmente «Parque del Malakate». Pronto comencé a indagar y descubrir lo que de interesante había por los alrededores. Está en mi forma de ser. Lo tengo que ver todo, descubrir y analizar el significado de cada cosa. Y una de las que más me llamó la atención fue una construcción de ladrillo que había en uno de los extremos de la plaza. Un edificio muy sencillo en su exterior, alejado de las casas y que antes de la construcción de éstas se adivinaba que había estado aislada y que cuadraba perfectamente en el estilo arquitectónico que a principios del siglo XX se llevaba.
Un athleticzale que «pasa» del futbol

No me puedo sustraer a no hablar del Athletic, de la final de copa, de la «Gabarra», de su paseo por la ría. Han sido tantos los plumillas, de aquí y de allá, que parece que ya no queda nada por decir. Pero yo lo voy a intentar, a dar mi visión de esta especie de locura colectiva que nos ha dado a los vizcaínos y que ha sido la comidilla de la semana incluso allende los mares.
La historia de una Parroquia.- 50 años derramando carisma.

Aunque no sea un buen artículo periodístico ya que contiene algunos errores de bulto, este artículo cumple su función de divulgar la aparición de mi nuevo libro «50 años derramando carisma» y a la vez informar de la labor realizada y que realizan tanto los Padres Trinitarios como el voluntariado en favor de los más desfavorecidos como desde hace más de 900 años es lo que les encomendó su fundador San Juan de Mata.
En la Fundación Menéndez Pidal

Era una visita largamente deseada. Desde la primera vez que me adentré en el conocimiento y estudio de esta mujer de la que voy a hablar, me sedujo su figura, su porte, su sabiduría y su saber estar. En esa primera ocasión que fue cuando escribí el libro sobre las calles de Getxo que tienen nombre propio, los historiadores me llevaron al error cuando dí por bueno el dato de que María Goyri había nacido en Algorta. Y quizá este mismo error historiográfico fue el que llevó al Ayuntamiento de Getxo a poner su nombre a una calle «en construcción» en el año 1969. En caso contrario, muy posiblemente, Dª María se hubiera quedado sin reconocimiento en este pueblo que no la vió nacer pero sí vivir varios años de niña y posteriormente, durante su juventud, cuando su madre la traía a pasar el verano.